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El Concepto De Posverdad Es Una Operación Psicológica

El concepto de posverdad es una operación psicológica

Por @DavidGuenni

«La censura domina nuestro mundo, y el hecho de que inclusive más censura se está dando como resultado de la verdad es preocupante.» – Arjun Walia

Se dice que, poco tiempo después del asesinato de Kennedy, la CIA tácticamente desplegó la etiqueta conspiracy theory (teoría de la conspiración) para estigmatizar a todo aquel que propusiera una explicación de los hechos que se alejara de la versión oficial. A través de los vestigios de lo que fue Operation Mockingbird, los aparatos de inteligencia norteamericanos -ya para ese entonces tóxicamente partidizados- colocaban, a través de las organizaciones de medios de comunicación masiva que habían cooptado, las matrices de opinión que necesitaban posicionar en la así-llamada opinión pública. Tan sólo recuerda estos hechos verificables cuando te dispongas a prejuzgar el título de este artículo.

Cuando se empezó a hablar cotidianamente de «noticias falsas» (fake news) en los mismos medios que diariamente difunden desinformación (banalidades y distracciones, medias-verdades y hasta burdas mentiras), me sucedieron dos cosas: recordé que muchos devotos de la investigación alternativa tenían ya años refiriéndose a lo que hoy en día se ha convertido en un arma retórica universal, y entendí que el alboroto terminológico era algo bien orquestado y coordinado. Algo empezaba a oler muy mal: ¿quiénes iban a terminar convirtiéndose en los árbitros y censores encargados de decidir cuáles noticias eran falsas y cuáles verídicas? Era evidente que estábamos ante una reacción del Poder oculto: el cacareo categorial vendría siendo mucho más que una simple moda teórica.

Fake news es un fenómeno tan antiguo como la Civilización

 La guerra es un escenario predilecto para dicho fenómeno – ¡y si no me creen, repasen a Sun Tzu! La justificación popular de la invasión hitleriana a Polonia (1939) se basó en una noticia falsa sobre un hecho fabricado, por poner un ejemplo fácil. Mas todo el mundo lo ha hecho, siempre. El engaño, la manipulación y el subterfugio son herramientas utilizadas primero desde el tope de la pirámide, mucho antes que como métodos de resistencia.

 Hasta que el hombre redescubre el libre intercambio de data

 Con internet nace una lenta-pero-segura eclosión de personas sedientas de verdad. Junto a esto regresó el miedo de la caquistocracia que domina buena parte del mundo. Así, a través de la inversión de la realidad, llegamos pocas décadas después a un escenario en el que, mientras más personas se suman a la búsqueda del fondo de los asuntos, más se habla de que estamos en la supuesta era de la supuesta «posverdad» (post-truth).

 Las tecnologías de comunicación e información contemporáneas son claramente una espada de doble filo

Las noticias falsas existen, obviamente. Así como las redes digitales sirven para la revelación y el entendimiento, también son idóneas para el engaño y el encubrimiento. A su vez, internet fue desarrollado probablemente sirviendo a una agenda de registro, indexación, vigilancia y seguimiento de personas. El genio humano ha logrado apropiarse de las armas del enemigo, empleándolas en su contra, pero nunca debemos olvidar que en el ADN de cualquier invento está la huella del creador. El abuso de las TIC lleva más seguramente a la perdición del individuo, en el laberinto de la data, que al encuentro de sí mismo por vía de la decodificación.

 Despejando eufemismos

 Cuando muchos hablan de «campaña» yo me refiero a operación psicológica. ¿Por qué? Porque esta nueva ola de satanización de los medios extraoficiales se da en el contexto de una ininterrumpida guerra por la conquista de los corazones y las mentes del hombre occidental. Con este nuevo ataque semántico a la soberanía psíquica del individuo, tiene lugar una acción de guerra en la que se compilan y usan varios hechos superficiales para aludir a un hecho profundo y endosárselo al enemigo. Esto genera la famosa disonancia cognitiva, que luego propende a la alineación del sujeto con la causa de su propia alienación. Está implícito lo siguiente: el hombre se adentra en la era de la “posverdad” simple y llanamente porque se está atreviendo, cada vez más, a pensar y buscar por sí mismo. ¿Qué significa esto? Que se está resquebrajando la “verdad” oficial, la que nos vendieron desde la cúspide.

 Por qué ahora sí y antes no

 Aquí nos referimos al mundo que se cristaliza a partir de 1945. Nunca antes de esta década (2010-2020) había tenido verdadero impacto sistémico el hecho de que crecientes números de personas dudaran y atacaran la versión canónica del universo. Justo cuando parecía que la Política terminaba de desaparecer del mapa de la actividad humana gana Brexit, un candidato extrasistema en EEUU, un voto negativo frente a la “paz” colombiana, un movimiento de hacktivismo blanco que filtra millones de secretos poderosos, etc. Occidente abre un ojo. No se habló nunca de fake news ni de post-truth hasta que la denuncia de este fenómeno atávico omnipresente se tradujo, al fin, en una amenaza para la arquitectura de control mundial.

 Acusa a tu enemigo de lo que tú eres/haces

 Saul Alinsky fue siquiera un explicitador de una doctrina que contiene máximas antiquísimas seguidas por grupos de interés de todos los tiempos. El meollo del asunto es moralizar un fenómeno corriente del cual se es partícipe activo, luego se procede a acusar de malvados a los que auspician tal fenómeno e inmediatamente se busca la identificación de dichos seres malvados entre las filas del enemigo. El objetivo final es asegurar que al menos una porción de la población, que quizá no llegue a identificarte como el bueno de la película, desvíe su mirada de los usuales sospechosos mientras tú cometes tus fechorías. El caso Anderson Cooper de CNN es una ilustración perfecta de lo expuesto.

 Se les están acabando las opciones “pacíficas”/“legales” para contrarrestar la eclosión

 La realidad es que ya no logran ejercer el mismo nivel de imposición de consenso que lograban antes. Esto es un hecho dado. Con la operación de PsyWar que llevan a cabo les saldrá el tiro por la culata, porque la confusión y el vaivén de opiniones generan más hambre de verdad. La semilla de la duda fue sembrada irreversiblemente (y las etiquetas desplegadas las usan más los enemigos del Poder que sus aliados, ya que éstos se ven obligados por las reglas del juego a seguir manteniendo las apariencias). Claro que el problema de las noticias falsas existe, pero lo crearon los dueños del circo y no los payasos.

 Respuestas predecibles

 La censura afianza la fabricación de noticias falsas; lo enseña la experiencia histórica: quien se erige como encarnación de la Voluntad General, termina siendo un tirano informacional: el señor de los anillos de la difusión. El mercado abierto es el rumbo de la verdad – y contra la flojera del “periodismo” y la desinformación del público. Los medios tradicionales temen por su vida, su desaparición -o al menos minimización- es motivo de júbilo. ¡Bienvenida sea la caída de los monopolios comunicacionales y el quiebre -así sea temporal- de los monolíticos gigantes de la (des)información!

 La moral imperante no es más que un arma que se carga sólo con la munición del esclavizador

 El sesgo (la mal-llamada subjetividad) es INEVITABLE: el brote de miles de sesgos es un modelo infinitamente mejor que el de la reducción a uno o dos sesgos. Pero sale el oligopolio reinante y se arroga la facultad de ofrecer real objetividad, presentando una visión «imparcial»… «sin sesgo». Suena conocido, ¿no? – ¿Cuál es el significante vacío que delata a los medios tradicionales en todo esto? La palabra talismánica favorita de los progres: democracia.

 Nos viven diciendo que las noticias falsas y la posverdad son veneno para la democracia. El establishment ideológico, los reyes absolutos de la parcialidad progresista, la élite de la Izquierda… ¡a ellos les rinde tributo el conglomerado mediático internacional! La misma gente en el tope de la crítica hacia la expresión libre en las redes sociales digitales, se acuesta con los que están en el tope de las corporaciones TIC. Acerca de las meretrices del “periodismo”, lo primero que uno puede afirmar con seguridad es que ejercen una profesión de larga data. La línea entre propaganda y periodismo sigue hoy, lamentablemente, igual de difusa que ayer.

 La dialéctica maligna al acecho – de nuevo

 El caso Facebook es el epítome del ciclo problema-reacción-solución, que regularmente lanza la caquistocracia en busca de nuevas fronteras para la sumisión humana, llevado al contexto de los mass media. Los tipos materializaron la brillante solución que les reclamaban: la de autoproclamarse editores. Y ahora arbitran, filtran, moderan y censuran el contenido que a la progresía le da la gana, en una plataforma invasiva y absorbente que tiene miles y miles de millones de usuarios a nivel mundial. El reclamo que les hacían surgió como reacción espasmódica de los “expertos” periodísticos, en vista de las sensibilidades heridas como consecuencia del consumo adictivo del estiércol que vociferaban aquellos perdedores de los sucesos políticos acaecidos en años recientes.

 El problema -gritan los agentes de la caquistocracia- es que las plataformas de social media son eficazmente usadas por esos que quieren envenenar la democracia. Y es que todos, absolutamente todos los escalones de la pirámide están temiendo el sacudón en la estructura. Asimismo, el caso de los “periodistas” tradicionales defendiendo y haciéndose eco de la petición de censura al internet es el caso del resto del establishment: complejo de niñera desempleada, que le dice a los niños emancipados: «¡no se escuchen entre ustedes, no busquen por su cuenta, no investiguen, no indaguen, no cuestionen, no miren con sus propios ojos, no traspasen las barreras, no accedan directamente a las fuentes, escúchennos a nosotros solamente, mantengamos la unidireccionalidad!».

 No es el fin de los medios, es el fin de la “verdad” conjurada por el Cuarto Estado

 Así que cuando escuches hablar sobre la novela de que estamos sumergiéndonos en la peligrosa era de la peligrosa posverdad, en la cual los hechos verificables ya no importan y lo único que interesa es la movilización de prejuicios y emociones en pro de causas ocultas [¡¿puedes creer que esto lo pintan como novedad?!], recuerda que es al revés: el hombre está saliendo de la jaula, comenzando a dejar de ser cómplice de su propia esclavización y empezando a saborear el posengaño… desvelando el intrincado artificio que lo ha sometido durante siglos.

 AVT LIBERTAS AVT NIHIL

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