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Cisma o Guerra Civil

Reproducimos este valioso artículo de la columna Análisis /// Energía  del Grupo Petróleo YV, publicado en el Universal el  17 de junio de 2006, donde proféticamente se preanuncia el conflicto que hoy se vive en un Iraq desmembrado entre los sunnitas de Arabia Saudita y los chiítas iraníes.

Exactamente lo que hoy está sucediendo en “Siriaq” (Siria-Iraq) con las fuerzas sunitas del califato Isis enfrentando a  los  grupos chiitas de Hezbolá y Bashar al-Assad.


Por Edgardo Ricciuti (@edgardoricciuti) y Juan Carlos Sosa (@jcsosazpurua)

Era obvio que luego del 11 de septiembre de 2001, EEUU tenía que  reaccionar con contundencia olímpica. La única forma de apaciguar la profunda sensación de impotencia y depresión psicológica del pueblo norteamericano, era a través de una respuesta directa, segura y decisiva por parte de su gobierno.

Combatir el terrorismo internacional de raíz es incuestionable, pero las tácticas escogidas para hacerlo no reposaron con suficiente frialdad analítica antes de ser ejecutadas, y ahora se nota el error de forma espeluznante.

Afganistán era un blanco evidente, allí, en alguna de sus oscuras cuevas, se escondía Osama Bin Laden, cerebro y financista principal de los ataques terroristas a EEUU. En consecuencia, las bombas lanzadas a Afganistán eran lógicas y fueron acertadas, teniendo como resultado que en dicho país actualmente existe un gobierno elegido popularmente, que puede gobernar. Aunque Osama Bin Laden sigue escondido, Afganistán fue un éxito militar y político para EEUU.

Otra cosa es Irak. La realidad política y social de dicho país es de una complejidad inusual, quizás imposible de vislumbrar en toda su magnitud, una sociedad rota en mil pedazos y cada pedazo teniendo vida propia y ganas de hacer las cosas a su manera. Bush padre vislumbró el problema durante la guerra del Golfo Pérsico. Habiendo ganado en forma avasallante el conflicto de entonces, Bush padre se conformó con garantizar la presencia militar de su país en la zona, fortaleciendo sus bases militares en Arabia Saudita y Kuwait. Quizás teniendo mejores asesores de inteligencia que su hijo, decidió el otrora jefe de la CIA mantener a Sadam Hussein en el trono político de su nación, como solución al problema del “panal de abejas”, sabía que solamente una figura como Hussein podría mantener a las “abejas” dentro del “panal”.

Bush hijo da la impresión de haberse dejado llevar por el malestar en sus tripas, obviando que Irak era un “panal de abejas”, que se rompía si no se trataba con guantes de seda. Ahora, una vez roto el “panal”, “las abejas vuelan” picando como locas por todas partes.

Una decisión tan torpe puede interpretarse de muchas maneras. Algunos escépticos pudieran alegar que intereses económicos privaron en las acciones militares ejecutadas. Después de todo, un precio del barril superando los setenta ha llenado las arcas de las petroleras, que no solamente han multiplicado los dividendos a sus accionistas, sino que ahora si pueden hacer inversiones cruciales para la supervivencia en el mediano y largo plazo del negocio petrolero mundial. La industria armamentista igualmente se ha recuperado, lo mismo que la metalmecánica y metalúrgica, claves para el desarrollo del mundo industrializado. Si a esto se le suma mayor presencia estadounidense en el corazón petrolero del mundo, controlando todas las variables geopolíticas y económicas del negocio, tenemos que más de un burócrata estadounidense o un frío especulador bursátil,  pudiesen considerar que el costo político y humano que han tenido las picadas de abejas iraquíes es un mal menor comparado con las ventajas obtenidas dándole un palazo al panal. Pero sabiendo que la personalidad de Bush hijo tiende al mesianismo, la torpeza no puede obviarse como la causa del problema, que pica y se extiende, como veremos.

Un conflicto de mayor amplitud está por comenzar en la antigua Mesopotamia. Es probable que suceda una confrontación política y religiosa de dos países islámicos como Arabia Saudita e Irán en el suelo de Irak, que ya están midiendo fuerzas apoyando a dos de los principales grupos religiosos que tienen siglos tratando de imponer su  “única verdad” dentro de la Fe islámica: sunitas, en el caso de los sauditas y chiitas, en el de los iraníes.

Aunque tímido en sus inicios, el  sustento a sus respectivos grupos en tierra iraquí ha  comenzado.  Arabia Saudita envía ayuda económica a los Imán, requerida por las muchas mosqueas sunitas atacadas en los últimos meses por combatientes chiitas.

Por su parte, desde su tierra, Irán difunde mensajes radicales en favor de la causa chiita, a través de la televisora  Al-Alam.

Por el acérrimo contraste étnico-religioso existente, los países presentes en el proceso de estabilización institucional de Irak comienzan a vislumbrar un futuro muy incierto, imposible, si se quiere.  Esto incita un repliegue de sus tropas, antes de ser forzados por una exasperación de la situación.

Italia anunció el retiro de sus tropas antes del fin de 2006. Por su parte, EEUA e Inglaterra sufren fuertes presiones para hacer un retiro parcial de sus tropas, que podría ser total para fines de 2008,  dejando libre el terreno para las pugnas abiertas entre los bandos. Entre éstos,  tenemos a la organización “MUJAHEDIN – E – KHALQ” (MEK), presente en la frontera Irán-Irak, financiada en el pasado por Saddam Hussein para penetrar territorio iraní y sabotear posiciones estratégicas enemigas, en la época de la guerra entre ambas naciones. Actualmente opera al norte de Bagdad, dedicándose a acciones suicidas en contra del poder establecido y las fuerzas de paz.

Otro grupo con profundas ramificaciones en Irak es ANSAR AL – ISLAM, que posee estrechas vinculaciones a Al – Qaeda por su afinidad político-religiosa en la conformación de un Estado islámico fundamentalista en Irak.

La estrategia de la mayoría de las bandas insurrecciónales se había centrado en ataques asimétricos en contra de las fuerzas de paz o en contra de los organismos de seguridad del nuevo Estado iraquí; el fin era generar un caos que impidiese el restablecimiento de normas legales ampliamente aceptadas por la población. Esta estrategia no dio los resultados esperados, motivo por el cual se amplió el radio de ataque, incluyendo objetivos religiosos, para exacerbar y comprometer anímica y psíquicamente a toda la población.

El ataque a la mosquea chiita  de Samara, simbolizó el clásico ejemplo de dicho cambio estratégico, en cuanto se logró encolerizar no solo a la población chiita iraquí, sino a los sectores más intransigentes de Irán, que son los que dirigen abiertamente las operaciones de adiestramiento y adoctrinamiento de grupos como las brigadas Badr o las milicias de Mahdi. Éstas, a parte de ostentar una gran capacidad logística y una muy disciplinada organización bajo la guía del imán Moqtada al-Sadr, han logrado penetrar las estructuras mismas del Estado iraquí, a través del reclutamiento de policías que pertenecen a dichos grupos.

Como vemos, la guerra contra el terrorismo es paradójica en Irak.

Nuca antes fue tan preciso el dicho “el remedio es peor que la enfermedad”.

Grupo PETROLEO YV

eluniversal

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