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Construyamos a La Nación

 Por @1PabloSanchez de @VFutura

Son muchas las razones para mantener la protesta: 15 años de acentuación de políticas populistas que han ido empobreciendo a nuestra nación y socavando nuestras libertades; la inflación, la escasez, el desempleo, la corrupción, la deficiencia de servicios básicos y la inseguridad, han sido sus más visibles consecuencias –pero no las únicas.

Este régimen ha sido -y es- el atenuante de cada uno de dichos problemas, pero no fue del todo “causante”. Si bien en estos 15 años se han amplificado nuestras dificultades, estás no nacieron ayer: el socialismo no es algo nuevo en Venezuela, desde que llegó la democracia, incluso antes, la dirigencia política ha coqueteado con sus ideas, y con sus matices. Desde los 40 años del bipartidismo hasta el presente, Venezuela siempre ha sido gobernada por partidos de orientación socialista, bien sea socialdemócrata, socialcristiana o comunista.

Las políticas implementadas por los gobiernos del puntofijismo destruyeron el vínculo necesario y sano que había entre el esfuerzo y la recompensa, sustituyeron la competencia por el amiguismo y convirtieron a los venezolanos en esclavos dependientes de un ilusorio Estado mágico. Todas estas prácticas populistas afianzaron el clientelismo, sedimentando así, las bases para la llegada de un régimen nefasto como el que hoy tenemos.

Quienes hoy usurpan el poder en Venezuela no son “ineficientes”: están muy consientes de lo que hacen. Están destruyendo el aparato productivo y desvirtuando al Estado (si es que queda algo) adrede. Su misión es enquistarse en el poder, la pobreza y la miseria son la mejor manera para ello. Si bien el régimen está a la cabeza del status quo, no es el único que lo compone: la oposición oficial también posee su cuota. A esta le conviene la permanecía del mismo en el poder. El régimen construye una camisa que a la “oposición” no le incomodaría colocarse, de hecho más de una vez han propuesto darle cargo “legal”. Esta camisa es de color rojo, tiene una hoz y un martillo, la marca es comunal; a algunos les gustaría diversificar la camisa: agregarle amarillo y negro, algunos blanco, pero nunca acabar con ella. Esto se debe a que, a pesar de sus diferencias, es más lo que los une que lo que los separa.

Entender que el régimen no está solo, es de vital importancia. Hay actores que legitiman sus acciones, su discurso y su proyecto. “la igualdad, la justicia social, el bien común sobre el individual, el anti-libre mercado” son los valores que los acomunan, puede que varíen sus propuestas o la manera como lo expresen, pero nunca la forma va a cambiar el fondo. La izquierda puede cambiar de nombre, puede cambiar de programa, pero nunca dejará de ser izquierda. Venezuela lleva 55 años de izquierda, los más moderados dieron paso a los más radicales, creer que los moderados son la solución es caer en la mayor de las idioteces.

Es inevitable un cambio en Venezuela, y este no puede quedarse en un simple cambio de “gobierno”: debe cambiar el sistema en su totalidad, sus bases, sus ideas deben ser sustituidas de raíz, quienes hoy son la contraparte oficial del régimen no representan dicho cambio. Por ello, debe nacer una nueva generación política, gremial e intelectual que sedimente las bases para un cambio real. Hombres de Estado que conozcan sus funciones y entiendan sus limitaciones, un sector empresarial que se desentienda del amiguismo y el proteccionismo que hace más daño que bien a nuestra economía, y sobretodo académicos que, entiendan bien la importancia de la Libertad, de la responsabilidad y de la dignidad, para el crecimiento de nuestra Nación. Cada uno tiene un rol muy importante, el Estado está para proteger a la persona, no para dirigir sus vidas, entendiendo esto podremos direccionar nuestra Nación al desarrollo, y convertir la realidad de hoy en sólo un recuerdo.

Recordemos que para cambiar la política hay que cambiar sus ideas, así es como daremos paso a la Venezuela Futura, pues solo así, construiremos a la Nación más libre de América.

Libertad o nada.

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