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David Lynch: Espejos rotos que dan forma a un genio

Por  Juan Carlos Sosa Azpurua @jcsosazpurua

David Lynch hace del cine un lienzo lleno de formas singulares y absolutamente originales. Nadie como él logra que al ver el cuadro uno lo que encuentre sea un baúl lleno de posibilidades y de encuentros inesperados.

Bergman lo intentó y alcanzó algunas cumbres importantes. También Fellini escaló montañas creativas que rinden honor a la originalidad con toques psicodélicos; lo hizo también Woody Allen en su versión cómica, con esas chispas de ingenio surrealista que le quedan tan bien logradas.

Pero nadie como Lynch se ha permitido la osadía de penetrar las cavernas más profundas y oscuras y salir airoso del intento; y no solamente airoso,  sino consagrado como un titán del intelecto.

Lynch despedaza la mente y cada pedazo que recoge lo toca para volverlo un universo aislado y riquísimo en interpretaciones. Hace lo mismo con cada trozo y luego los vuelve a juntar, ocasionando que la nueva mente resultante sea un acertijo imposible de ignorar, atractivo de forma compulsiva.Aquí el encuentro frontal con el genio se vuelve erótico, porque la interpretación de la historia produce sensaciones similares a las que se experimentan durante el acto sexual.

En el Hombre Elefante, un atisbo a la expresión de Anthony Hopkins cuando observa al monstruo por primera vez es suficiente para sentir en las entrañas toda la tragedia de aquel hombre maravilloso que jamás encontró la paz.

En Blue Velvet, la oreja cortada es la puerta hacia un submundo de horror y perversión que progresivamente se va haciendo familiar, hasta que la piel se eriza al percatarnos que cualquiera de nosotros podría ser alguno de esos personajes fraccionados y perdidos en sus propios laberintos.

En Twin Peaks nos aproximamos a nuevas dimensiones en la forma de expresar la rabia contenida, la culpa y los deseos reprimidos. Aquí el flagelo de la droga, el escape hacia mundos de ensueño alucinógeno, las fracturas filiales, la prostitución como respuesta a tantos entuertos cotidianos, el doblaje sistemático de la personalidad y la imposibilidad de alcanzar las expectativas existenciales; son todos elementos multiformes que arman un rompecabezas sobre la angustia humana simplemente deslumbrante.

Darkened Room es un malabarismo virtuoso del arte de contar historias cortas, donde la trama puede ser tan completa como una vida y tan impactante como un relámpago nocturno.

The Straight story es una película lineal, donde un hombre montado en un tractor se desdibuja como granos de arena que se cuelan en el alma, volviéndose los dedos de un duende que astutamente juega con nuestras emociones, tocando las fibras más sensibles.

Rabbits es un reto a la paciencia que nos estimula a esforzarnos mentalmente; es una invitación nada sutil a convertirnos en levantadores de pesas intelectuales; aquí la aventura consiste en animar el propio intelecto para derribar murallas de fastidio que esconden tesoros fantásticos; un pequeño ejercicio de flexibilidad emotiva que termina siendo aplaudido por uno mismo.

Lost Higway nos lleva de la mano muy dulcemente hasta los abismos más peligrosos, y allí nos suelta con un empujoncito que nos deja completamente solos e incapaces de salvarnos, a menos que nos impongamos a nosotros mismos la disciplina más exigente de actividad neuronal; en esta película Lynch se eleva hasta dimensiones nunca alcanzadas por cineasta alguno. La narración de tramas paralelas y la confusión de personalidades que son la misma, hacen volar los sentidos ante la multiplicidad de interpretaciones posibles, siendo cada una de estas interpretaciones perfectamente válida y capaz de generar una película completamente singular; como las Matrioskas rusas, esta obra de Lynch tiene diferentes capas, y cada capa es una película distinta.

Esta cualidad exclusiva de Lynch se perfecciona enMulholland Drive, su magnífica obra maestra. Para hacer esta película, Lynch se lanzó un clavado a un lago peculiar, en cuyas aguas confluyen los talentos de Picasso; Dalí; Buñuel; Freud; Jung; Nietzsche; Popper y Polock. Emergió de ese lago y sin secarse, se sentó a pensar, y de ese pensamiento surgió la idea de Mulholland Drive. Y no estoy exagerando.

Con una estética perfecta, actuaciones deslumbrantes y su típico sonido, compuesto por el afortunadamente reincidente Angelo Badalamenti; en esta obra Lynch nos hace jugadores protagónicos del alma humana. El alma se nos presenta como  un espejo roto que nos muestra a nosotros mismos desfigurados en muchas imágenes. El juego consiste en reparar el espejo para que nos devuelva un rostro aceptable, una imagen que logremos identificar como nuestra pero que puede ser la de todas las personas que conozcamos en la vida. Nunca la culpa y las bajas pasiones se manejaron con tal nivel de maestría. Aquí el tiempo es circular, volviéndose un tornado que licúa la historia y produce un jugo con efectos mágicos, al tomárselo uno comienza a sentir que está alucinando pero no es más que una percepción agudizada del intelecto agradecido; damos las gracias por la agudeza singular que desarrollamos al comprender los hilos finos de la historia, su mensaje crudo acerca de la naturaleza humana… y es descarnado porque, al igual que en Blue Velvet, nos percatamos que cualquiera de nosotros podría perfectamente convertirse en alguno de los protagonistas.

Christopher Nolan en Memento, y particularmente en Inception, es un heredero de Lynch, pero un vástago al que le falta ruedo para poder alcanzar a su inspirador.

Brad Anderson en The Machinist también sigue los pasos del maestro, alcanza un nivel genial en esta película fabulosa acerca de los peligros de la culpa, pero, al igual que Nolan, todavía necesita escalar más para llegar a la cumbre de Lynch.

Cuando uno reflexiona sobre las posibilidades del arte, imagina infinitas partículas capaces de darle forma a cualquier sueño, a cualquier percepción, a cualquier idea o experiencia.

Richard Wagner sostenía que el arte, la belleza, debía ser total. Mezclar escenografía, literatura, sonidos, interpretaciones hasta darle forma a una emoción, al sentimiento más sublime del alma humana.

Creo que si Wagner conociera a Lynch, podrían abrazarse como hermanos, unos hermanos únicos en el mundo…genios inmortales.

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