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De la indiferencia (I)

Por Carlos Da Silva @CDDSA de @VFutura

Chinese_Tiger_Versus_Dragon_by_Heatherbeast

En la historia de la humanidad encontramos gran diversidad de elementos que han servido para la degradación de nuestra condición de hombres a bestias. Nos topamos con ideas que han contribuido a la dominación de nuestro ser, calificándonos de malvados de nacimiento, intentando hacernos ver como demonios que esperan sedientos por consumir el mundo que les rodea, obligándonos a vernos como el peor de los organismos en la existencia.

Y así, muchos lo han creído. Así han caminado la Tierra los hombres con la cabeza baja; temerosos de sí mismos, de su propio reflejo, de entenderse ellos mismos, de encontrarse. Desgraciadamente, se ha grabado con tinta indeleble, en la piel de estos despojos, la frase Homo homini lupus; olvidando con esto el valor de sus vidas y, de esa forma, el valor de su Libertad – porque el único precio justo por nuestra Libertad es nuestra propia vida. Y sin Libertad no existe vida.

De inmediato, los despojos se ven envueltos en dogmas; percepciones morales contra-natura, de culpa y de obligaciones imaginarias; látigos del dominus que posa su bota encima de ellos con una sonrisa, flagelando más allá del cuerpo sus espíritus. Conteniendo dentro de ese ser sus impulsos por volver a ser león que, con su rugido, despierte a todos aquellos hombres que se encuentran dormitando dentro de cada uno de nosotros, los fantasmas de la moralidad reprimen “por su propio bien”; ¡porque el amo nunca toma placer en su tarea de castigar a sus esclavos! Él trabaja “por el bien” de ellos, para que estos puedan mantenerlo.

Todo régimen que ha aspirado a perpetuarse en el tiempo se ha dedicado a esta misma labor argumentativa. Necesitan hacer ver al hombre como su propio adversario. Justifican así su mandato. Ellos son los “justos”; portadores de “la ley”, la razón. –Yo les digo: son ellos los mesías de nuestra destrucción. Las tarántulas se disfrazan de aliados; con un apretón de manos seducen a su presa; con promesas de cambio y esperanzas de vida digna, buscan ganar nuestra confianza. Intachable, pura es su apariencia; detrás de esa máscara guardan sus colmillos afilados, listos para en el momento oportuno matar hombres con su veneno. Tóxico es éste para las almas nobles; amnesia es el efecto principal de esta sustancia letal para la Libertad. Esa sustancia nos hace olvidar quién es el enemigo real.

Causales diversas se conjugaron, a lo largo del tiempo, para poder mantener al hombre en esta condición de minusvalía. La dominación activa, así como el control pasivo por parte de la sociedad, se transformaron con el tiempo, siendo más sofisticados ambos cada vez – cambiando sus composiciones con el paso de las eras. De estos caracteres, uno en particular da la impresión de permanecer intacto, modificándose su forma de imposición pero nunca desapareciendo. De allí la necesidad de tenerlo presente. Es la indiferencia ese elemento.

Podría llegar a considerarse como un concepto frívolo, sin importancia. Y es exactamente allí de donde nace su poder. La ignorancia del concepto detrás de esta palabra, o el entendimiento de la misma mediante una explicación orientada al desconocimiento real de su significado, son el origen de su peligrosidad. Reconozcamos entonces que la indiferencia es la cualidad o actitud de personas que no demuestran interés por algo, al momento de realizar u omitir una acción determinada. Conectados como individuos, estamos sujetos a una universalidad natural; lo que implica que nuestros actos u omisiones afectan al todo universal y, de esta misma manera, el todo nos afecta. Entonces, el término se presenta en dos formas diferentes: indiferencia en cuanto a nosotros mismos -es decir, interna-, o indiferencia en cuanto a aquello que nos rodea –es decir, externa. Teniendo presentes, claro está, que el nivel expresado en la primera afectará proporcionalmente la segunda.

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