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Redes sociales

De la indiferencia (II)

Por Carlos Da Silva @CDDSA de @VFutura

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La indiferencia interna se refiere a la concepción ideal, poseída por nosotros, en cuanto a lo que representamos; es decir, con respecto a aquello que consideramos que somos. Entran en el ámbito de esta categoría, en orden de importancia, la Libertad, la consciencia y la voluntad. Libertad en cuanto a tener realmente la capacidad de hacer en base a nuestro propio juicio, al no depender de otro para poder actuar; es decir, poder decidir realmente por uno mismo. Consciencia en cuanto al fin que motiva la acción; el cual no puede contrariar nuestra Libertad, si intentase sujetarnos a una voluntad ajena. Los actos deben ser realizados tomando en cuenta aquellos valores e ideales, poseídos por el individuo, que son el principal apoyo de su voluntad; no por un sentimiento pasivo de esperanza. Voluntad en cuanto a la exteriorización de nuestro consentimiento al momento de realizar una acción. La misma es la expresión concreta de nuestra fuerza, mediante los elementos de que disponemos para la consecución del fin que perseguimos; aquí se requiere no solo del pensamiento, sino también de la exteriorización del mismo.

La pérdida de cualquiera de estos elementos implica la destrucción de los demás, e implica el génesis de una actitud indiferente. Ésta puede verse en su forma de acción u omisión, de las maneras siguientes. Por ejemplo: el ser partícipe de unos comicios electorales mediante el uso del voto, para legitimar una autoridad por la cual uno no posee simpatía alguna, solo por considerar que simplemente es “la mejor” de las peores opciones. Otro ejemplo: el ciego cumplimiento de una ley tiránica sin rebelarse en contra de ella o sin cuestionar su contenido. Ambos son ejemplos producto de este elemento del que ahora hablamos; donde puede observarse la desaparición de los tres caracteres antes mencionados, por la sola desaparición de uno de ellos.

La indiferencia externa se presenta de la misma forma que la interna, debido a que aquélla es una mera consecuencia de ésta. Dependiendo de la concepción de nuestro ser, variará la manera en la cual observamos el ámbito en donde nos desarrollamos.

Además de la Libertad, la consciencia y la voluntad, cabría dentro de esta clasificación agregar un elemento adicional: la consecuencia. Esto, en cuanto a que aquellas acciones que realicemos contemplando los tres elementos principales, llevarán a la generación y preservación de los mismos en otros individuos. De esta forma, nos alejamos de los ideales torcidos y débiles de las ideologías socialistas (lo que incluye -claramente- a los comunismos), que buscan la creación de animales domésticos con forma humana, al promulgar una asistencia infinita para todas las adversidades que puedan presentarse en la vida de los hombres. –Ejemplificar esa perversidad del socialismo, y de doctrinas afines, puede hacerse al mirar la figura del vagabundo que pide limosna. El entregarle fácilmente lo que pide, en primer lugar elimina su Libertad, debido a que empieza a depender de la caridad ajena para poder subsistir. Aquí se borra todo rastro de conciencia propia, porque sus actos serán guiados para facilitar la obtención de su limosna y, por último, porque no tendrá voluntad, al depender de la esperanza de recibir dicho favorecimiento de parte de aquella persona que decida dárselo. De esta forma se crean los discapacitados espirituales, que llevan cadenas no en sus manos pero sí en sus mentes. En cambio, al decidir no darle nada, se producen las mejores probabilidades para generar todos los efectos contrarios.

Podemos observar, de esta manera, la diferencia entre una acción indiferente externa y una acción noble externa. En una se engendra a un esclavo y en la otra se posibilita el surgimiento de un hombre libre. Esto no implica no poder asistir a otro ser humano en caso de una eventual adversidad o de una catástrofe, pero sí es corolario el hecho de que ha de evitarse hacer de ello -la caridad- un hábito que provoque dependencia. Las consecuencias de nuestros actos determinan, de forma inevitable, el motivo de nuestro accionar. Como hombres verdaderos, como individuos, buscamos sacar provecho de nosotros mismos, sin buscar nuestro provecho en lo ajeno. No buscamos convertirnos en almas caritativas, cazadoras de creyentes que se sujeten a nuestra voluntad.

En la Venezuela Futura debemos tener cuidado de actuar como pensamos, porque si no, se termina pensando como uno actúa. El origen vital de los hombres radica en el interior de cada uno, y conocernos es el primer paso a dar en la senda de nuestra Libertad; es evitar la indiferencia, que nos hace sucumbir ante las sombras de la ignorancia que permite nuestra dominación. Es esta indiferencia, que podemos llegar a tener frente nuestro propio ser, lo que origina una indiferencia generalizada en contra de nuestra propia especie. Y esto es así, ya que la vida es infinitamente superior a la ciencia -ya sea esta práctica o ideológica-, y a esta última le es imposible definir plenamente el desarrollo de la vida.

Ninguna ciencia o religión puede proporcionar normas absolutas para la existencia, al ser estas imperfectas; la existencia solo puede -si acaso- ser medida por ciencias y doctrinas imperfectas, que no caigan en aspiraciones autoritarias de leyes eternas. La infinita diversidad de la vida impide que ella pueda ser objeto de estudio que produzca conclusiones absolutas; y al no poder crear conclusiones totales, no pueden ser creados los métodos para llegar a dicho fin. Es por esto que nos corresponde a nosotros mismos curarnos de este mal y no a otra persona que considere, en su erudición decadente, poseer la respuesta. –No existe vacuna para hacer desaparecer este virus mortífero del “totalismo” en la sociedad noble; solo nos queda recordar, permanentemente, qué somos.

No te permitas creer que eres un demonio, porque es tu destino ser un dios.

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