Saltear al contenido principal
Redes sociales

De padres demagogos e hijos no reconocidos

Por Richard Rivas (@RD_Rivas)

Una de las causas por las cuales existe una marcada tendencia a la elección de gobernantes militares, en nuestro país, radica en pulsiones del inconsciente social venezolano, cuyo germen se encuentra en nuestra estructura familiar y los hábitos que se perpetúan en su seno.

Dentro de los modos de la familia venezolana, nos encontramos con que la mujer es eterno y invariable sinónimo de madre; con lo que todo embarazo representa una inmensa alegría, sin importar sus consecuentes adversidades. Esta representación sobredimensionada conduce a una sobreprotección por parte de la madre hacia al hijo, y a una minimización del padre, ejerciendo entonces la madre una serie de roles paternales que -lógicamente- no puede cumplir cabalmente. De manera tal que el padre es percibido sólo como proveedor económico, y el hogar puede funcionar perfectamente sin su presencia constante; de aquí la célebre expresión: «padres pueden haber muchos, pero madre sólo hay una».

El venezolano crece y se forma como un eterno hijo: nunca se convierte en hombre, debido a la relación semi-incestuosa que mantiene con su madre, la cual prácticamente le prohíbe amar a otras mujeres por miedo a perderlo. Esto deviene en una incapacidad del hombre venezolano de asumir responsabilidad de sus actos e hijos y de formar una familia estable – teniendo, así, varias mujeres. De ahí su ausencia dentro del núcleo familiar, funcionando -si acaso- siempre como proveedor económico y nada más.

A todas estas, ¿qué tiene que ver todo esto con lo político? La ausencia de un modelo paterno, como ya vimos, tiene, dentro de la estructura familiar venezolana, todas las implicaciones mencionadas (así como varias otras). Adicionalmente, en nuestro inconsciente social existe una añoranza hacia esta figura ausente; añoranza que, durante el tiempo de vida del individuo, será extrapolada a instituciones y cabecillas que muestren cierta solidez y funcionen como representaciones de la buscada autoridad.

Casualmente, en Venezuela los partidos políticos poseen un corte personalista. Los intereses de dichas organizaciones son canalizados a través de actores políticos y toda una épica de espectáculos a su alrededor, lo cual les hace ver como modelos añorados por los venezolanos. Éste es un fenómeno que se manifiesta en ambos “polos” de la actual comunidad política venezolana, a pesar de que el polo de “oposición” no se caracterice por una particular virilidad en su discurso e imagen (lo cual, claro está, sería electoralmente atractivo para los venezolanos). Es un ejemplo que sí han procurado dar la gran mayoría de nuestros gobernantes a lo largo de nuestra historia – quienes han sido, en buena parte, militares. Se genera entonces una exaltación del político como caudillo; como personalización del mito del “hombre fuerte” que, en el inconsciente del venezolano, ocupa el lugar del ansiado padre.

Con esto llegamos al ascenso de Chávez al poder en 1999. Su campaña política le muestra como un reformador del orden social y político, así como un rescatista de las instituciones que venían en declive, y se presenta como el gran padre que le hacía falta a Venezuela. Bajo esta presentación de ídolo gana las elecciones, y es aquí donde el padre heroico se torna despótico.

No es casualidad que la tendencia gerencial de su modelo económico y sus políticas públicas haya sido catalogada como una continuación -radicalizada- del llamado paternalismo. Y la aceptación de tales lineamientos, por parte del venezolano, conllevó a la imposición de un régimen despótico que cercenó hasta nuestro espíritu. Se profundizó una tendencia registrada en el pasado, haciendo dependientes a los ciudadanos del “Gobierno” a través de la estatización de una serie interminable de organismos y medios de producción, vitales para nuestra manutención económica y la perpetuación de nuestra soberanía como Nación.

Hemos sido golpeados por un supuesto padre que resultó ser un esclavista. Es por ello que, cada vez más, se acerca la hora de emanciparnos y salir de nuestra condición de hijos, para, de una vez por todas, hacernos hombres y mujeres íntegros que luchen por su Libertad, creando la Venezuela Futura.

Libertad o nada.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba