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Redes sociales

Del trecho del despotismo a la Libertad

Por @RafaelValera_ de @VFutura

«No puede esperarse que los hombres sean trasladados del

despotismo a la libertad en un lecho de plumas»

Thomas Jefferson.

Venezuela actualmente es su propio obstáculo hacia la Libertad. Lo ha sido desde decenios. La consideración que se debe tomar con respecto a esta primera sentencia es determinante para dejar brillar por luz propia su rectificación: individuos libres son el prerrequisito para una Nación libre. La lozanía de un sistema político es análoga a la dureza del alma de sus ciudadanos. Las generaciones anteriores sufrieron un proceso de descomposición cultural con la quimera del Estado altruista y la ficticia «Pax democrática venezolana», que por medio del asistencialismo/clientelismo logró exclusivamente erguirse como el prefacio de un potencial totalitarismo.

Meditar sobre el Poder en momentos de socialismo real no debe tomarse a la ligera; hay que romper esquemas que han sido heredados, se trata de repensar una vida entera para vivir verdaderamente. Luchar por lo que es prohibido en estos momentos da sustento al argumento de acción para desplazar a la clase MUD-PSUV. Por otro lado, estos alegan con voz soberbia, aunque paradójicamente insegura que “no hay otro camino” para el cambio. Considero sumamente sensato, entonces, explicar cuál y cómo es realmente el trecho del despotismo a la Libertad, tras numerosos ejercicios dialécticos de la Izquierda buscando la postergación del fin de su era.

La ruptura sistemática con los agentes políticos que hicieron digerible la consolidación del comunismo desde el 98’, es esencial para iniciar el proceso de esta evolución cultural y sociopolítica. Ante el colaboracionismo, lo único necesario es su desconocimiento. La MUD sólo proyecta sus métodos para auxiliar –efectivamente– al régimen, pasando a recoger más tarde sus dádivas burocráticas y mediáticas.

Al existir tan irreparable desconexión entre la clase política y los ciudadanos, lo único que queda es desplazarla. Para ello, lo más común en las democracias es el uso de los mecanismos constitucionales. En nuestro contexto, esto es irrealizable al notar que la voluntad de unos pocos es la legalidad plasmada.

Las barreras institucionales que ha creado el régimen imposibilitan un debilitamiento de la MUD, lo que da paso a una desobediencia generalizada que desmonta todo el discurso y el panfleto pragmático de esta clase política.

Si bien es cierto que la dictadura es una forma de gobierno, especificada como no-constitucional, también existen formas distintas de legitimidad. La “difusa”, según Leonardo Morlino, responde a la cesión de confianza a las instituciones políticas como motivo de aprobación de sus cimientos. La “específica”, se vincula con la satisfacción de los insumos introducidos al sistema político por los individuos.

En el caso venezolano, entonces, no se puede conquistar la Libertad por medio de las instituciones por su indiscutible ilegitimidad, además de la implementación de políticas destinadas al afianzamiento de los comunistas que hoy mantienen secuestrado el Estado. Estos personajes, por medio de la fuerza, buscan imponer unos patrones de vida míseros que, al ser rechazados son un motivo para el conflicto social y la violencia política.

Más allá de lo estrictamente político, la «insubordinación psíquica y espiritual» es necesaria. Se trata de la ruptura con esquemas mentales que construyen las decisiones que tomamos, los cuales han fungido a través apreciaciones codependientes e impropias del hombre libre. De tal manera que debemos trascender el tradicionalismo moral y psicológico impuesto por las élites serviles del régimen, logrando primero la independencia anímica-mental para proceder a la independencia del país.

Ante toda esta maraña colaboracionista y criminal se imposibilita una salida de la dictadura narcocomunista con procesos “institucionales”. Por ello, el desobedecer las reglas del juego político de la clase MUD-PSUV es preciso para el Renacimiento, para establecer el escenario que facilite sacar del Poder a los comunistas por aquellos que tienen dicho rol. No será fácil. No todos pueden, ni merecen, caminar el trecho del despotismo a la Libertad por la misma autenticidad, complejidad y grandeza del hecho. La simpleza no está en las características de esta batalla y sólo quienes den los pasos más firmes, que conciban los pensamientos más álgidos podrán dar color al panorama y clavar el asta de la Libertad.

¡Libertad o nada!

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