Saltear al contenido principal
Redes sociales

Donde nos encuentra los 30 años de Democracia

Por Jorge Kehiayan, Vicepresidente de la Juventud Radical de Buenos Aires, Argentina.

@jkehiayan

Bandera argentina más grande del mundo

 

 

El 2013 no fue un año más en la Argentina,  es el  30  aniversario de la recuperación democrática, el periodo más largo de gobiernos democráticos en la corta historia de nuestro país. Hace 30 años se dejaba la oscuridad a un lado y se le daba paso a la vida, a la libertad.  Raúl Alfonsín se consagraba presidente prometiendo, más que una salida electoral, una entrada a la vida.

A la luz de esa promesa, 30 años  después, ya no tenemos dudas de que este sistema es el que queremos los argentinos para el presente y para el futuro, que lo queremos para siempre y por eso tenemos  que defenderlo, cuidarlo y mejorarlo.  Cada dos años – de mínima – la ciudadanía tiene ni más ni menos que el derecho de rumbear (o corregir rumbos) a quien haya llegado por apoyo popular en sus políticas. Lo que suena como dado para nuestra generación no lo fue – ni de cerca – para quienes nos precedieron.
Este 2013 nos encuentra en año electivo – de medio término –  en donde el oficialismo sufrió una merma muy importante en su caudal de votos, anunciando lo que muchos identifican como un final de ciclo. El gobierno que festejó el 27 de octubre una supuesta victoria a nivel nacional, parece haber  tomado nota de la pérdida de votos y de la derrota en el distrito más grande del país, como la provincia de Buenos Aires (donde perdió  por una diferencia mayor al millón de votos) realizando extraordinarios cambios (algunos cualitativos, otros profundamente simbólicos) al seno del gabinete, removiendo funcionarios profundamente cuestionados, otros profundamente intrascendentes, pero simultáneamente ascendiendo – en los frentes político y económico– a dos exponentes de los ejes donde descansa el proyecto kirchnerista.

El frente político se cristalizó en la designación de un joven y exitoso gobernador representante  del  “peronismo tradicional” al frente de la (ahora reconocida como estratégica) Jefatura de Gabinete de Ministros. Desde el primer día de gestión ha hecho notar un rumbo y una postura distinta del gobierno frente a distintos sectores de la sociedad.  Esto no hace más que demostrar que el fin de ciclo kirchnerista empezó,  e  intentarán  maquillarlo para que la imagen final no se vea tan deteriorada.
En el frente económico, muchos cambios están teniendo lugar. El retiro dorado de un ministro de economía más semejante a un secretario de finanzas y el paso de quien, desde hace años, se reconoce como el hombre fuerte del ideario de “el modelo” significaría un cambio estético, sino fuera por la remoción de quien se encontró virtualmente en control de las relaciones comerciales de nuestro país, como así también su comercio interno.

Por otro lado, en el frente de las inversiones asistimos a otra paradoja del accionar (“sin anteojeras” en palabras de la Presidente) del kirchnerismo: la expropiación revolucionaria del 51% de las acciones de Repsol YPF y la reivindicación del autoabastecimiento se han transformado en (otro) acuerdo cuyos términos la ciudadanía desconoce, pero implicará el desembolso billonario en compensación (cuyo beneficio principal es el cierre del frente para nuestro país en el CIADI)  “A  REPSOL no le vamos a pagar un peso” dijo hace un año el ahora ministro de economía, quien ahora participa de las negociaciones cuyas cláusulas y montos el Parlamento Nacional desconoce, pero verá comprometido el herario público durante un largo tiempo.

El frente parlamentario no fue excepción a esta lógica de “ganar la cancha” demostrando inciativa: la aceleración de los tiempos previstos para la reforma del Código Civil y Comercial, discusión que se lleva a cabo en el parlamento argentino y que el  miércoles  27  de noviembre obtuvo media sanción de la Cámara de Senadores. Un proyecto que levantó  polémica apenas entró  al  Congreso, pero que ha sumado mas polémicas en los últimos días, donde el oficialismo retocó,  por presiones de la iglesia, algunos articulos que tenían que ver con el reconocimiento de la vida «desde la concepción» (en contrario al texto original de la comisión redactora  que establecía: “comienza con la concepción en el seno materno»), que va contra la posibilidad de legislar el aborto.  Este cambio llevó  a discusiones y cruces fuertes dentro del bloque oficialista,  ya que algunos Diputados empezaron a mostrar su descontento e intentarán  cambiarlo durante el tratamiento de la ley  en  el año próximo.

Dentro de esta reforma al Código Civil y Comercial, entre otros tantísimos puntos oscuros y vacios, los que mas preocupan son la falta del articulo (que si figuraba en la redacción original) que tiene en cuenta el Agua Potable como Derecho que el Estado tiene la obligación de cumplir, pero finalmente no será así.  Y lo que más preocupa de dicha reforma es el artículo que establece que el Estado «no responde» por «los perjuicios ocasionados por concesionarios de servicios públicos» logrando así que el Estado no pueda tener responsabilidad alguna sobre los servicios tercerizados o concesionados.

Esta reforma no hace mas que consolidar la idea de “un gobierno en retirada” queriendo garantizarse impunidad para los tiempos que vienen, que saben, no serán fáciles. Con una ley de auto amnistía para los funcionarios y  ya sin el sueño de la reelección indefinida, solo queda preparar el terreno para que la salida sea elegante. Las similitudes (con abismales diferencias en materia de violaciones a los derechos humanos, pero muy pocas en materia de corrupción) con el último gobierno de facto y la búsqueda de una “salida negociada” son escalofriantes.

No podemos permitir que la impunidad gane lugar, gane tiempo y gane espacio. La impunidad es para un pueblo  un golpe KO a su memoria, a su historia y a su futuro. La historia requiere que estemos a la altura de las circunstancias, que salgamos a convencer  a nuestros conciudadanos, por los anhelos de país y de sociedad que queremos. Debemos  avanzar hacia ese país libre y justo que todos pretendemos, pero sin acuerdos a espaldas de las personas, sin leyes que garanticen la impunidad y con leyes que nos aseguren  la igualdad de oportunidades y la posibilidad de crecer para todos.  Solo así podremos forjar la Nación que tanto queremos, para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo  y de buena  voluntad, que quieran habitar el suelo argentino.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba