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El choque de los estáticos

Calzadas y veteranas estatuas recibían a un deportista que había “llevado el nombre de Venezuela (y de su comandante) bien alto”. El ilustre piloto exhibía las capacidades de su monoplaza, que por menos venezolana, llegaba a su tierra para deleitar los sentidos de todos aquellos fieles que se acercaban a Paseo Los Próceres. Todo el protocolo iba de maravilla, hasta que “un bache” puso el show tibio. ¿Y nadie tuvo la cortesía de avisarle a Pastor tal irregularidad en la escena? ¿O es que el show iba porque Si, y punto? Guao! Qué raros se ponen estos shows mediáticos cuando el propósito es solo ganar votos. Ahora bien, estos choques y “sorpresivos” baches no son nuevos para algunos lideres políticos de nuestro país. Me atrevería a decir, más bien,  que son parte de su cotidianidad. El corto-placismo, el hacer-por-hacer y la estática forma de ejercer el liderazgo son, en definitiva, barreras que atentan contra un sistema político libre de accidentes.      
Si el liderazgo es el proceso en el cual se busca dirigir e influir en las actividades de cierto grupo para llegar a un fin común, primero, es fundamental concebirlo como un proceso dinámico. Gao Xingjian decía que “Un hombre sin doctrina se parece mas a un hombre”, y cuando me refiero al dinamismo en la búsqueda de nuestras ideas no apelo por un hombre sin ideologías; no puede confundirse la capacidad de reinventarse de un líder con su posible falta de estructuras ideológicas de gran significación para su accionar. El líder debe creer fervientemente en algo, debe tener unos valores claros por los que lucha, pero esto no puede ser la justificación de su fanatismo o la excusa para el atropello de sus conciudadanos aún sabiendo que las circunstancias no están dadas para tal o cual decisión.  
La base ideológica que funge como impulso, como ente promotor, no puede ser concebida como una verdad absoluta. Es preciso que todos los días nos preguntemos: “En qué creo?” y “Por qué lo creo así?”. Los líderes que hoy dirigen las riendas de nuestra nación, y también aquellos que detentan dicho fin, deben tener la capacidad de reinventarse; darse la oportunidad de repensar y actualizar su conocimiento sobre lo que se enfrenta. Tanto en el automovilismo, como en la superación de problemas sociales, sabemos que todos los días hay algo nuevo que aprender.  
En la actualidad, tanto en Venezuela como en el mundo, el líder político que se reinventa, que mira sus ideas y concepciones bajo los cristales de la crítica y el debate, es capaz de superarse él y superar los obstáculos que se le presentan. Ese elemento “reinventativo”, si se me permitiese el uso de dicha palabra, considero que ha sido clave en nuestra historia, en nuestra independencia; Blanco lo narra inteligentemente: “y aquel pueblo incipiente, tímido, medroso, nutrido con el funesto pan de las preocupaciones, sin ideal soñado, sin anales, sin ejemplo; tan esclavo de la ignorancia como de su inmutable soberano; rebaño mas que pueblo; (…) transformose en un día en un pueblo de héroes. Una idea lo inflamó: la emancipación del cautiverio. Una sola aspiración lo convirtió en gigante: la libertad” (Blanco, Eduardo. “Venezuela Heroica”, Introducción).  Nos reinventamos, porque decidimos un buen día, que debíamos ser libres. 
Una tierra de grandes hombres, la que aspiramos tener, la Venezuela Futura, debe estar plagada de hombres y mujeres que se reinventan; por su propio bien, pero por sobre todas las cosas, por el bien de Venezuela.
Qué irónico que choquen los estáticos.
@juanapitz

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