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Redes sociales

El discurso electoralista como contranaturaleza

Por @DavidGuenni de @VFutura

Parece ridículo tener que recordarlo, pero lo haré: Venezuela se encuentra bajo un régimen tiránico, controlado por una fuerza de ocupación extranjera. Usualmente -y nuestro caso no es la excepción-, esto quiere decir que TODO el poder está concentrado en una camarilla de personajes que orbitan alrededor de un mando centralizado y monocrático. En este tipo de escenarios, todo lo que ocurre bajo semejante régimen político pasa por la aprobación -o el rechazo- de dicho mando centralizado. Ahora bien, en una situación así no hay ninguna posibilidad de que las instituciones liberales, típicas del Estado de derecho (Parlamento, Poder Judicial autónomo, Poder Ejecutivo limitado, garantías constitucionales, cierto grado de poder de decisión de la ciudadanía frente al Gobierno, etc.), funcionen o tengan siquiera un poco de validez. Plantear escenarios electorales genuinos, en este tipo de sistemas sociopolíticos, es algo completamente fuera de lugar.

Sobre un sustrato de condiciones saludables, una ciudadanía de tradiciones medianamente republicanas que enfrentase una tiranía como la que está encarnada por el régimen comunista de Venezuela, apelaría inmediatamente a la rebelión abierta y total. Pero, hoy en día, vemos que algunos sectores de la población todavía sucumben ante un discurso electoralista, que apunta hacia un escenario completamente opuesto al que vivimos; un escenario, por lo demás, ficticio. Este discurso emana de una dirigencia erróneamente catalogada como «política», pero también es el discurso característico de una serie de individuos que gozan de cierto status e influencia sociales. Una gran parte de esos grupos, que propugnan soluciones electorales al conflicto desatado entre el régimen comunista y los venezolanos, está plenamente consciente de su papel como colaborador de la tiranía; otros grupos que abrazan el discurso electoralista son, sencillamente, colaboracionistas sin saberlo.

La esencia del hombre es la Libertad, en un sentido existencial. El hombre es el único animal que se distingue del resto de los animales porque la esencia de su ser es la de estar-en-el-mundo. Así, el hombre es un animal cuya configuración existencial goza de la posibilidad de lo infinito. En otras palabras, el hombre es la configuración del ser que trasciende cualquier configuración determinada o determinista. El ser del hombre es ser. Repito, lo característico en el hombre es la Libertad. Cuando un hombre sano ve cercenada, cercada o incluso amenazada su Libertad, lo típico es que ese animal se rebele. Lo que va en contra de la esencia de un espécimen sano, tiene que ser fuerza y motivo suficientes como para que dicho espécimen lo considere como su enemigo. Por ende, un discurso natural, para una ciudadanía compuesta de personas sanas que se encuentran atenazadas por un régimen tiránico, es el discurso de la desobediencia, el alzamiento y la subsiguiente revuelta.

Al partir de todo lo que aquí se ha tomado como premisa obvia, cierto sector de la población venezolana parece estar padeciendo una grave enfermedad cultural y de consciencia, que lo conduce a aceptar, como legítimo, un discurso que es incompatible con las creencias, actitudes y conductas que corresponden al hombre sano (libre en esencia). No puede sino catalogarse como enfermo, a todo ser viviente que escoge y prefiere lo que es nocivo para sí. El discurso electoralista es antinatural, porque va en detrimento de todo lo que es necesario para que el venezolano asimile y asuma el combate contra la tiranía, ese enemigo que se mueve en la dirección exactamente contraria a la de la Libertad de nuestra Nación. No puede entenderse el hombre que va en contra de la Libertad (su ser más íntimo) sino como un hombre corrompido – decadente.

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