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El Laurel

Poema de Hölderlin

¡No, no me resignaré! Avanzar siempre

como un niño, como un prisionero,

a pequeños pasos medidos por anticipado,

día tras día. ¡No, nunca me resignaré!

 

¿Tal es el destino del hombre? ¿Mi destino? ¡No!

Al laurel aspiro. No me tienta el reposo,

mas el peligro suscita las fuerzas del hombre

y el dolor hincha el pecho de los jóvenes.

 

¿Qué soy para ti, qué soy yo, patria mía?

Un débil, un enfermo a quien su madre

con una tonada triste, desesperada,

acuna entre sus pacientes brazos.

 

Nunca busqué consuelo en el fondo de brillantes copas

ni en la mirada de una sonriente coqueta.

¿Debe abatirme para siempre una pena

o matarme un furioso deseo?

 

¿De qué sirve el cordial apretón de manos

y la dulce acogida del alma en primavera?

¿Para qué la sombre de los robles,

la viña en flor, el aroma del tilo?

 

Juro, por la antigua Mana, no beber jamás

del cáliz del gozo, no obstante su seductor destello,

hasta el día en que haga una obra de hombre

y conquiste entonces mi primer laurel.

 

¡Grave promesa! que a mis ojos llena de lágrimas.

¡Feliz seré, de mantenerla! Pues así,

criaturas de alborozo, también a mí me oiréis gritar de gozo.

Y entonces, oh Naturaleza, de tu sonrisa haré mi júbilo.

 

*Hölderlin Poesía completa. Ediciones 29: Barcelona

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