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El numen Liberto

Por George Galo @MrGeorgeGalo

Caracas, 12/12/12. 

(A Diego Ignacio)

¡Qué cómodo es no estar emancipado!

                                                     I. Kant

 

Y dijo así el numen Liberto—el más libre y dispar de todos los sempiternos dioses—a todos los iguales dioses y a todos los hombres demasiado idénticos, demasiado hombres:

Manumiso yago de las guirnaldas de cánones, emancipado me hago de los eslabones de la igualdad, distintos todos los yo existentes de mí, por tanto a veces gimo de ser yo.  Empero, son mayores y más los vítores, más las ovaciones, más el regocijo cuando sé que soy yo y no vosotros, monstruos uniformados en carne, hueso y hocico, otrosí en placeres, antojos, quehaceres, y otros.

Milagroso si entre vosotros alguno enarbola la autenticidad de uno, y no la fingida originalidad de la tendencia. ¡Despójense del lastre de lo común y lo normal, mal llamado! Que el ser es más ser, y el dios más dios, y el hombre más hombre en tanto más disímiles se forjan y en tanto se labra a sí y no se deja labrar.

¡Que no se ericen sus pellejos frente al belcebú colectivo que impone, que no les imponga pero tampoco vosotros le dicten, comándense sólo a sí mismos; confórmense con ser ciertos y verdades, y aguarden la aparición inopinada de quien ame y loe la singularidad! ¿Ya que quién querrá ser simétrico y exacto a otros mil y quiénes ser mil que con solo uno se les sepa y conozca a todos? Encontraremos dos, encontraremos diez, pero quien encuentre los mil nunca será él ni se encontrará a sí mismo.

Que los distintos siempre tendrán otros distintos de los que serán iguales, y que por más alta que sea una ola cuando las otras son bajas, o por más negro que un nubarrón sea cuando sus hermanos visten níveo inmaculado, siempre yacerán otras mareas bajas y otros nimbos cenicientos, con quienes se ice la autenticidad del ser mismo, sin importar el peso de tal bandera. Que nunca se será tan distinto como para no hallar a alguien semejante, que nunca se estará tan íngrimo como para no emerger del averno de la monótona consonancia.

Queramos nosotros, deidades, que en el cosmos medren las diferencias en la igualdad suprema, la discordia en la concordia, la extrañeza en la inherencia. Que se sea quien sea que se quiere ser; que se sea todo y nada, que se acepten los todos y las nadas.

¡Sean pues únicos, inimitables, típicos de su muy individual espíritu, consecuentes a los propios principios, jamás idénticos, nunca pautados!

¡Humanos y dioses del cosmos, acéptense!

Así habló el numen Liberto, el más libre y dispar de todos los sempiternos dioses, quien encontró la camaradería en otros dioses y en otros hombres libres y distintos, y en el cosmos hubo silencio e inexorable diferencia.

G.G

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