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Elegía a la sensatez

A raíz de las declaraciones en el programa Yo me quedo de VTV nuestro colaborador George Galo nos ha hecho llegar este poema…


 

Por George Galo

Elegía a la sensatez.

[A la memoria de la nefanda psicóloga

Carmen Cecilia Lara: en el recuerdo está

la corrección futura].

 

qué dolor que cargo, Carmen —diría mía, pero supongo que eres de nadie—,

es espantoso tenerte como una Gorgona que nos habla arropada en el bastión

de la hermosa psicología, es una lástima tener a tal monstruosa algarabía

yo que sé, que estimo, admiro, a los valientes dedicados al estudio del humano

y sus tormentos

 

yo que he sido salvado por la ciencia que examina los dolores de la humanidad

congénita (ser humano ya es un lastre), no puedo comprender aunque me esfuerce

cómo un iniciado, un sabio taumaturgo de la psique, puede confundir el alma,

el ser y la nefasta patria

 

pero no puede ser usted sana palabra, menos pensante y cuidadosa si ha cedido

a ser el paladín no ya de gloria actuante, amante, maravillante, sino de un poder

total: absolutismo: usted no piensa, sólo repite, porque es muy compleja la tarea

de ejercer la comprensión de otro ser sintiente

 

pero aún bajo tu quejica lengua viperina que se asoma entre tus dientes negros

encuentro el verdadero horror de tu discurso: eres humana y te reconozco —diría

mejor: te conozco— humani nihil a me alienum puto, peor incluso: hemos nacido

en el lugar que llena de espuma tu boca, la venezolanidad nos ciñe por los lados

con esposas legendarias: son la historia, son las tierras, es la patria (la inasible

cárcel de la vida)

 

en tus dedos puntiagudos, tensos casi ancianos veo con pavor las mismas manos

de mi abuela de Miranda, Barlovento, boyante negra que me dio la tez que ahora

me reviste y me disfraza —lo superficial es caperuza del diamante— de lo que tú

ahora arrebatas a todo aquel que no nació de vernáculo sementero: yo cargo en mi

sangre a la Toscana y la isla sarda, mas también en mis crespos chamuscados

los pelos del tambor negro y caribe

 

yo soy la mitad que se hace uno: los dos cincuentas de distintas latitudes

que me hacen y me han hecho el hombre que ahora siente y piensa en las raíces

aunque usted, Carmen, Gorgona, pretenda corromper la ciencia dura que es la de

vaticinar comportamientos, volviéndola oscuro catalejo de los altos mandos

corruptos por los peligros irreales, viles

 

yo solo sé cantar en escrituras sentimientos y el entender del sufrimiento y es

por ello que no embarco en la trágica añagaza que controla los designios de los

hombres, sus disposiciones, sus dolores, solo grito cuando el clavo está en mis

manos, mis maderos, replicados en centurias por los pueblos ecuménicos

que conmigo ya sintieron

 

la condición del emigrante, aún peor gracias a ustedes: del exilio interpretado,

es la más humana sensación de la tristeza que es vital y es de grandeza, cómo

hace surgir en cada uno al hombre mismo: nos hemos puesto la loriga del acero

de cumplir lo que deseamos pertinaces

 

con justicia otorgo a tus habladas bagatelas el sentir desprendimiento que yo ejerzo:

no me siento de tu patria ni de alguna otra porque el ser humano es uno solo

que revive en el cuidado que se hace de su libre decisión, de su alegría,

aunque bien sabida, es patente, la discapacidad de ti y los tuyos para ver

la vida ajena, la distinta

 

tú que has tenido la más grande estatal ventana y la has usado para hablar

desde la incomprensión del padecimiento forastero, ay, insensata, te lo digo,

no por mano mía que es mendiga y es muy sana sino otras impacientes muy

patriotas, cobrarán tu insensatez que no es valiente, es desvergonzada, eso

es distinto

 

yo que soy un humanista, cuidador de la lumbre del sentir-pensar humano

no accederé al país que ustedes forjan con candelas que abrasan al distinto

y seguiré en mi pequeña inmensa patria que son mis abuelos, mis padres,

son mis libros, serán mis hijos (ojalá extranjeros), son los amigos, los amados,

son todas las cosas que me hacen: no lo que el poder corrupto tuyo quiera

que nos cale por las venas nacionales

 

qué dolor que cargo, Carmen mía —te he hablado muy sincero: me he hecho tuyo—, y es más ahora por ustedes que han mezclado el orden claro y simple

de la vida: deja pasar el río por donde vaya, otro caudal es la desdicha, pero

más aun porque confunden al ser social con una patria, al individuo con la masa

y reduces los deseos negros: la oclocracia: la dictadura de un gentío moribundo

como si el mundo fuesen casas, grandes o pequeñas, cuando son personas

que quizás, acaso, sólo quieran una risa, una calma, el último sosiego:vivir

la vida sin que digan cómo:

 

¡Hemos de volver, de caminar senderos varios, bajo el bautizo que es antiguo y es romano: por extranjeros ostentamos el sano estigma de los bárbaros: tal es esa furia que nos bate!

 

G.G

En Bogotá,

inmigrado.

*Imagen: «Don Quijote en el exilio» de Antonio Rodríguez Luna

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