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GLOBALISMO NO ES GLOBALIZACIÓN

21 noviembre, 2018
liboda98

Título original: “A nova vergonha da mídia: confundir globalismo com globalização”

Por @Filgmartin. Traducción por @rafaelvalerac

En respuesta a la elección del Embajador Ernesto Fraga Aráujo para conducir la política externa brasilera en el gobierno de Jair Bolsonaro, los periodistas y comentaristas políticos de los grandes medios volvieron a protagonizar un espectáculo de ignorancia e incultura al intentar analizar las credenciales «anti-globalistas» del futuro ministro.

Confundiendo globalismo con globalización, fabricaron—o intentaron fabricar—un supuesto antagonismo entre Ernesto y Paulo Guedes, futuro Ministro de Economía. Según las ilustradísimas inteligencias que habitan en los grandes medios, no hay diferencia entre el anti-globalismo y la anti-globalización, aun cuando estas dos posturas no son solo distintas, sino opuestas una a la otra.

Para evitar que errores, desinformaciones y boberías de esa naturaleza se arrastren, comparto con los lectores de Senso Incomum una breve conceptualización, fruto de mis estudios personales y parte de un proyecto que no demorará en tornarse un libro:

El globalismo es la ideología que preconiza la construcción de un aparato burocrático —de alcance global, centralizador y poco transparente— capaz de controlar, gerenciar y guiar los flujos espontáneos de la globalización de acuerdo con ciertos proyectos de poder.

No hay, por tanto, ningún motivo plausible para confundir una cosa con la otra.

La globalización económica consiste en el flujo global y espontáneo de los agentes económicos que no solo no necesitan de la interferencia de burócratas, sino que funciona mejor en la ausencia de las interferencias burocráticas y es, en realidad, perjudicial para ellas.

El globalismo, por otro lado, es el intento de instrumentalización político-ideológica de la globalización con la finalidad de promover una transferencia de los ejes de poder de las naciones para un cuerpo difuso de burócratas cosmopolitas y apátridas, que responden no a las comunidades nacionales, pero a un conjunto restricto de agentes de influencia con acceso privilegiado a esos burócratas —algo que, en el límite, significa la substitución de las democracias representativas por un régimen tecnocrático y poco transparente, en el cual el poder decisorio está concentrado en las manos de algunos pocos privilegiados.

Por lo que todo indica, el Canciller Ernesto Fraga Aráujo no tendrá apenas una función diplomática, sino también una función pedagógica y de esclarecimiento de nuestras élites sobre la centralidad del combate entre el soberanismo y el globalismo en la actual coyuntura global. Al final, pese a ser el tema central de los debates en Estados Unidos y en Europa, los cosmopolitas provincianos de los grandes medios todavía ven el tema con mucha extrañeza.

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