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La historia obviada por faros adulterados

Por Alejandro Sosa-Röhl (@SosaRohl95) de @VFutura

Los venezolanos deben observar a Marco Coello. Cada vez que se crucen con su rostro en una foto, inmortalicen en su memoria la imagen de su mirada aguada, tatúen en la ira -separada del resentimiento- el balbuceo de su voz, al borde de quebrarse en desahogo en aquella entrevista. Recuerden que detrás de su piel inocente -¡solo 20 años!-, el régimen y su macabro legado se infiltraron para erradicar del espíritu todo aquello que hace al joven venezolano tan grandioso: niñez, sueños, convicción, resistencia, libertad, TODO… El infierno dantesco que el joven vivió, es el método “crucifixión” del régimen; querían a Marco Coello como una muestra encarnada del objetivo comunista en el país: su completa destrucción, lenta y dolorosa.

Como bien dijo Marco Coello, en Venezuela no hay justicia, pues no hay Estado de Derecho ni instituciones que nos aseguren un proceso limpio y seguro. Las pruebas están en la entrada de nuestros hogares, en cada esquina de la calle, en las cárceles alimentadas con gula de presos políticos. Es una truculencia declarar lo contrario y defender el detonador, llamado “legado”. Y es de faro adulterado someterse voluntariamente a semejante farsa. Los jueces son títeres del titiritero rojo; duermen bajo su rancio aliento. Y los magistrados del TSJ son nadadores en los bolsillos verdes del régimen. Aquí, la mirada de la justicia son los ojos abiertos de Chávez.

Coello cometió un verdadero acto de rebeldía, deslegitimó a los tiranos, pues no se dirigió a ellos como autoridad, sino como la organización criminal y usurpadora que es. Observó cómo el régimen se desnudaba ante sus ojos, mostrándose en su grotesca piel y facciones, para que nunca olvidara la vista del horror. Él supo que era perder más de lo que ya le habían quitado el bajar la cabeza ante semejante monstruosidad. Sigamos el ejemplo.

La historia de Coello representa la imagen de aquello que la MUD (y con la MUD me refiero también a VP) se ha resignado a reconocer. Es más, ha demostrado un afán por desviar la mirada del país, por darnos piezas disparejas para construir un rompecabezas inexistente, creándonos una realidad mágica y fantástica. Son los faros adulterados, levantados sobre una roca llamada “6D” y Venezuela el barco que debe ignorar la falsa señal, si no quiere estrellarse y hundirse en las profundidades del mar comunista. Su arma principal es la lástima y usarán la sentencia de López y la situación de Coello para manipularte y desviar el timón. Pero debes comprender que no hay nada más peligroso que seguir a alguien por lástima.

Las instituciones fueron pulverizadas en 1999, derretidas en el ácido de la Asamblea Constituyente. Esa que fue diseñada por Chávez y permitida por quienes algunos llaman oposición. A través de ella, se aseguró el esparcimiento del legado hasta acabar con Venezuela, hasta que bajo su mirada, nuestras rodillas titubeen, flaqueen al suelo y dependamos de su falsa revolución. No lo lograrán. Pero no será gratis, no hay salida hacia la libertad si el laberinto fue sencillo; no hay camino con vaselina. El camino de los votos es el cuarto de espejos, el ciclo de ilusiones –no es uno democrático, es de sumisos, pues un verdadero demócrata no se somete a un sistema viciado-.

Comencemos a deslegitimar. Si queremos conservar nuestra dignidad como seres humanos, no podemos dar reconocimiento alguno a esta justicia de narcos, que se extiende a la Asamblea Nacional, al Ministerio Publico, a la contraloría, y por supuesto, a la oposición de pacotilla. ¿Torturaron a chamos de 18 años y lo vamos a dejar pasar? ¿Acaso somos cobardes?

La MUD defiende aquello que atormenta a Marco Coello cuando caen los parpados y cuando el sol los levanta -lo demuestran cada vez que alegorizan el legado-. Son culpables también. Esos no pueden ser nuestros líderes. Debemos vaciar su voz y encaminarnos de una vez por todas hacia la libertad. Vamos a encaminarnos hacia la Venezuela Futura.

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