Saltear al contenido principal
Redes sociales

Los maestros der Destruktion

Por Luis Cediel (@LuisCediel) de @VFutura

This is the end.

Beautiful friend, the end.

Jim Morrison.

Dentro de sus lecciones del semestre de invierno de 1919-1920, planteadas ante el mundo académico como Problemas fundamentales de la fenomenología, Martín Heidegger introduce un término latinizado de particular importancia: la destruktion heideggeriana o “destrucción fenomenológica”.

Estrechamente vinculada al término metafísico Abbau (der) o “desmontaje” y lejos de ser un término cargado de la connotación negativa asociada con la palabra “destrucción”, la destruktion está asociada a la crítica y disolución de presupuestos heredados por tradición en torno a las acepciones; y a las suposiciones que son un impedimento para alcanzar una comprensión “propia”. De este modo, la destruktion expone la diversidad de prejuicios inherentes a la cotidianidad o la publicidad y pretende su depuración (véase los conceptos de “cotidianidad” y “publicidad” según Heidegger). En palabras de Heidegger: “La destrucción no se comporta negativamente con respecto al pasado ni pretende sepultarlo en la nada, sino que su crítica afecta al “hoy” y al modo corriente de tratar con la historia” (Ontologie. Hermeneutik der Faktizität, p 75).

Aunque la destruktion esté limitada por su finitud intrínseca y la radicalidad de la historicidad característica de la hermenéutica o cualquier forma de interpretación básica, a través de ella se logra una apropiación, puesto que al discurrir sobre el objeto no se percibe de forma aislada, todavía se mantiene una relación con el mundo.

Al encontrarnos en una continua convivencia y ocupación dentro del mundo, nuestras diferencias se mueven dentro del marco de cierta medianía, una respuesta natural al hábito, que suele reprimir cualquier tipo de excepción o incluso la misma originalidad donde los individuos logran crecer. Es esta medianía la que impide una profundización en las cosas, nos aleja de tomar decisiones originarias, es la gran simplificadora: nadie es en sí mismo. En algunas ocasiones, ella logra valerse de las mismas limitaciones del lenguaje, es por ello que conversar sobre algo no garantiza una mayor aprehensión sobre el objeto en cuestión, sino es una suerte de movilidad dentro de una impropiedad desarraigada, donde la repetición es suficiente para la vida cotidiana. Como consecuencia, se genera una indeterminación en cuanto a los significados, que es una determinación en sí. La opinión, como piedra angular de la publicidad, interpone una opinión dominante delante del aspecto auténtico del mundo, pues nos aleja del objeto.

Ante tal hallazgo metafísico y teniendo siempre en mente las circunstancias actuales, solo puedo recomendar a los lectores que se hagan sus propios “maestros de la destrucción”. Pongan a prueba absolutamente todo concepto metafísico, teológico, político, económico… háganle frente, desafíen la medianía. Especialmente si esta pretende hacerlos poseedores de fantasías utópicas o suscribirlos a resurrecciones perennes de falacias incuestionables. No teman a las limitaciones de su propia interpretación, pierdan el miedo a la parálisis ante la hoja en blanco, pónganse a prueba ustedes mismo y a sus opiniones. Esto, sin duda, nos permite crecer como individuos.

El duro camino hacia la construcción de nuestra verdad, el entendimiento y el verdadero accionar siempre ha estado minado de guías espirituales o pastores que pretenden “guiar” para enquistarse en el poder, condenando toda posibilidad de cuestionamiento por parte del individuo a dominar. La Venezuela Futura necesita verdaderos maestros que definan, cuestionen y se hagan sus propias ideas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba