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Marchas y cacerolazos: los únicos planes de la MUD

Dos décadas de oposición caracterizadas por consignas, pitos y panfletos han mostrado el descontento pero no han logrado hacer daño al chavismo.

Prensa Rumbo Libertad, Barquisimeto

Desde sus orígenes, el castro-comunismo que gobierna Venezuela se encontró con un elemento a su favor: la falta de planes por parte de sus contendores. Ni la coordinadora democrática, ni la Mesa de la Unidad, ni ningún partido político en Venezuela han tenido la capacidad de plantear alternativas reales cuando los momentos de ruptura se han presentado. Ahora, todo sugiere que Venezuela se encuentra nuevamente en uno de esos puntos y el problema se repite: la MUD insiste en la falsa y cómplice apreciación de que Maduro está dispuesto a salir del poder a través de los votos, cuando ya ha hecho reiterados fraudes gracias a su CNE. Algunos factores separados de la MUD plantean que “hay que salir de la dictadura” pero no especifican cómo hacerlo ni mucho menos que viene después de que la caída se consume.

 

UNA HISTORIA DE PUSILÁNIMES

Quizás el primero de los momentos que demostró la falta de planes en torno a la liberación del proyecto castrista por parte de los factores de oposición en Venezuela, tuvo lugar en el 2005, cuando el secretario vitalicio del partido socialista AD, Henry Ramos Allup, salió públicamente a afirmar que la Coordinadora Democrática, entonces la coalición que agrupaba a la oposición al gobierno de Hugo Chávez, no participaría de las elecciones parlamentarias que tendrían lugar ese año. Ya entonces el argumento era que “el CNE estaba del lado del gobierno y que no habían garantías”. Sin embargo, en los 13 años que han seguido a ese momento, ningún grupo de oposición hizo nada al respecto. Simplemente, el CNE se convirtió en una quimera, el problema de la democracia en Venezuela que la oposición no podía resolver.

Cuando un año después Manuel Rosales se postuló a la presidencia, no incluyó una sola idea original para la implementación de políticas públicas y de hecho, salvo agrupar a los partidos de oposición en torno a su candidatura, no hizo más nada por establecer una agenda política que condujera al país hacia un cambio real. Con intentos de prácticas populistas como prometerle a los venezolanos que con una tarjeta podrían tener acceso a la renta petrolera (la llamó “Mi negra”) y ninguna articulación con otros factores de la vida pública, la candidatura de Rosales se hundió y lo que siguió fue la era dorada del chavismo: seis años en los que Hugo Chávez y su Asamblea Nacional carmesí hicieron de su voluntad ley en Venezuela.

Luego, cuando la oposición quiso reinventarse y esta vez recurrió a un esquema algo más sofisticado a nivel comunicacional para hacerlo, la Coordinadora Democrática MUD y a las primarias del 2012, con Henrique Capriles emergiendo como el candidato de la coalición que se disponía a enfrentar a Chávez en el 2013. Parecía que por primera vez había una agenda en pro de la libertad pero no era así: Capriles se dejó robar la elección, primero con Chávez y luego con Maduro. Hubo ocasión de organizar al país en torno a una agenda de protestas y articular esfuerzos para ir en contra de Maduro, pero Capriles no hizo nada y se limitó a culpar al CNE de ser el responsable del fraude, con el que posteriormente participó como candidato a la gobernación de Miranda.

Fue entonces cuando la MUD gana en el 2015 la Asamblea Nacional (AN). Nuevamente se prometieron cambios y parecía que finalmente había una ruta para salir del castro-comunismo en Venezuela. Pero en vez de remover al CNE (que tantos problemas había causado) y al TSJ, los diputados de la MUD optaron por no hacer nada salvo escoger a Ramos Allup como presidente de la AN. Al cabo de 3 meses, el TSJ ya le había quitado prácticamente todas sus facultades a la AN y el gobierno de Maduro se robustecía, aun con protestas en la calle.

Los factores colaboracionistas de la oposición, a través de su acción durante todos estos años, han dejado claro que ellos, en efecto, siguen una ruta, que no es más que la neutralización de cualquier iniciativa en pro de la libertad de los venezolanos, fungiendo de esta forma como su muro de contención. Por una parte fabrican una realidad simbólica que muestre al mundo una aparente democracia y por otro, despliegan un sabotaje sistemático contra la liberación del país de las manos del castrismo.

 

HOY SOLAMENTE EXISTE UN PLAN

Actualmente, a pesar de que la crisis se ha magnificado (tanto política como social y económicamente), la realidad dentro de los partidos refleja la ausencia de una agenda política patriota, distinta a la del castro-comunismo. Ellos avanzan con su constituyente hacia la creación de un estado comunista, donde las elecciones sean meras formalidades y donde el poder esté concentrado en sus manos para siempre, al mejor estilo cubano.

La MUD insiste en desconocer la ANC, pero esta última sigue a sus anchas, haciendo lo que mejor le parece con Venezuela, desde convocar elecciones regionales (que Acción Democrática no sólo reconoció sino que tras las mismas acudió a juramentarse ante la ANC) hasta llamar a un diálogo en República Dominicana y convocar unas presidenciales, donde Maduro tiene garantizada su reelección. Henri Falcón figura como su oponente, sin embargo más de 1 tercio de los venezolanos no confía en él por su pasado chavista, y tampoco ha presentado ninguna propuesta concreta salvo la inviable alternativa de “dolarizar el país”.

La MUD trata ahora de relanzarse creando el Frente Amplio, pero nuevamente, no hay agenda real. Las mismas caras figuran, dando los mismos discursos sin decir nada acerca de cómo salir del castro-comunismo, ni mucho menos de qué hay que hacer después de que se salga de ellos. Hoy, a más de 20 años de la toma de posesión de Chávez en 1998, todo sigue igual.

El único plan viable presentado hasta ahora que plantea reconstruir el país, ha sido la propuesta para la Transición de Rumbo Libertad, que explica de forma detallada cómo reconstruir el país, una vez que sea derrocado el chavismo, pero además el movimiento político perteneciente a la Resistencia ha presentado una agenda de acciones para hacer daño al castro-comunismo que buscan debilitarlo y avanzar hacia la toma del poder. En este pronunciamiento, se llama a la fuerza militar a sumarse a las iniciativas civiles para boicotear las actividades que legitiman a la organización narco-terrorista que gobierna y a los ciudadanos no uniformados a asumir responsabilidades para agotar la capacidad logística y de represión del régimen, en los términos que la Resistencia ha planteado la lucha no violenta, que se ha determinado a desalojar de Miraflores a la mafia que mantiene secuestrado el poder.

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