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Redes sociales

El mito de la juventud y el socialismo

Por @jean_uva de @VFutura

«Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción casi biológica»

Salvador Allende

Pero, ¿cómo es esto posible? Los intérpretes de la experiencia histórica del siglo XX nos han querido hacer entender a nosotros, los jóvenes, que sólo hay una alternativa política mientras se es joven: la Izquierda. Lo lamentable de esta afirmación es que no sólo proviene de la retaguardia de la Izquierda, sino que también emana desde la Derecha; fue Churchill quien una vez dijo: «el que no es revolucionario a los 20 años no tiene corazón, pero el que a los 40 lo sigue siendo no tiene cerebro». ¿Quiere decir ésto que para ser joven hay que ser socialista? Hoy, desde nuevos tiempos y después de la experiencia ya fallida del Socialismo, es momento de repensar este perverso imperativo.

Empecemos deconstruyendo este discurso. Ser joven no es una condición biológica, es un estado espiritual. Si bien es cierto que lo joven se lleva en el corazón, esta condición no socava la capacidad intelectual de un individuo. Juventud e inteligencia no son antónimos, le diría yo al estimado señor Churchill, y, por lo tanto, es ingenuo pensar que los jóvenes se decantan por el Socialismo. Quienes creen que razón y pasión no pueden convivir, no entienden la capacidad del individuo.

El joven es, naturalmente, símbolo de creación, de fuerza, de ímpetu y de vida, y es, bajo este principio, que la juventud simplemente no puede estar asociada a una ideología que representa todo lo contrario. La juventud es libre por naturaleza, y quien es verdaderamente libre no envejece; porque la frescura de ser joven no se lleva en los años, sino en el espíritu.

La retórica estructuralista a la que han sido sometidos los jóvenes, desde la Izquierda, pienso, es uno de los grandes motivos por los que entendemos aquel comportamiento político, supuestamente típico, como un imperativo categórico. No ha habido en la historia una afirmación más contradictoria que aquélla. Y es que deconstruir ese discurso de “íconos” izquierdistas, como Allende o El Ché, es sencillo. Si entendemos que ser joven es ser rebelde, creativo, impetuoso, fuerte, crítico; si entendemos que naturalmente los jóvenes queremos autonomía, independencia y Libertad, ¿cómo es que creemos que todo ésto puede ser alcanzado en socialismo? ¿Han alcanzado los Estados socialistas algún tipo de prosperidad integral? No. ¿Son las gentes de Cuba, Venezuela o Irán -por ejemplo- libres? No. Es simple: ser joven es, en esencia, ser un niño (metafóricamente entendido), y el Socialismo es la mayor deformación de esta idea. Los niños, puros de espíritu, son fuente infinita de creación, imaginación y ambición. Es por eso que la lucha entre Juventud y Socialismo es substancialmente una lucha existencial; si la Juventud es libre por naturaleza y el Socialismo es el mayor enemigo de la Libertad, los jóvenes hemos de combatir el Socialismo.

La Izquierda se ha valido de la juventud porque en ella ve la oportunidad del «hombre nuevo». El Ché explica ésto claramente, cuando dice: «la arcilla fundamental de nuestra obra es la juventud, en ella depositamos nuestra esperanza y la preparamos para tomar de nuestras manos la bandera». Y es que, desgraciadamente, la pureza que uno tiene, al ser joven, tiende a ser vulnerada por este tipo de ideas, que no tienen otra intención distinta a la que hace mención el infame Guevara: la de manipular, controlar y alienar. La Izquierda ve en la juventud la única oportunidad que aquélla tiene para deformar lo que naturalmente ésta es: libre, vivaz y fuerte.

El camino de Libertad representa todo lo contrario a lo que rezan las ideologías de Izquierda, y es que, en esencia, hay una gran diferencia: mientras el Socialismo insiste en que todos debemos ser iguales, los que practicamos la Libertad pensamos que es deseable que cada quien pueda escoger ser como desee.

Los verdaderos jóvenes buscamos un conjunto de ideas y valores que sea capaz de proyectar nuestra esencia, pero también de contrarrestar el peligro que representan las ideas de la Izquierda. Aquello que es joven es puro y, por lo tanto, los valores que el Socialismo condensa (envidia, clasismo, igualdad, necesidad) atentan contra eso que nos caracteriza a los juventud (autenticidad, vida, Libertad, superación).

La Venezuela Futura no se puede permitir ser gobernada por estos valores e ideas, los mismos que nos han llevado a la ignominia nacional e internacional. Los jóvenes de todas las generaciones presentes debemos entender que nuestro enemigo es el Socialismo y sus derivados, porque encarna políticamente la mayor afronta a nuestra existencia. No se puede ser joven y ser socialista, de la misma manera en que no se puede atentar contra uno mismo y ser libre.

La Libertad ha de ser nuestro estandarte y, al mismo tiempo, nuestra arma y nuestra gesta en sí misma, pues no sólo ha sido el camino que ha traído grandeza, prosperidad y oportunidad sino, y aún más importante, que es la única ética capaz de permitirnos ser. Ser socialista y revolucionario es una contradicción en la medida que en nuestros tiempos ha sido el socialismo lo que nos ha robado el futuro. Es por esto que naturalmente lucharemos contra esto; ser joven es sinónimo de rebeldía, libertad e impetuosidad y por lo tanto nuestra propia esencia se ve amenazada por un enemigo que representa todo lo contrario. La Juventud siempre se ha caracterizado por atacar el statu quo, por retarlo y criticarlo; hoy día, compañeros, el statu quo en Venezuela es el socialismo, y, si estamos dispuestos a transitar hacia el renacimiento de una Nación como la nuestra -para vivir en prosperidad, justicia y Libertad, tenemos que entender que la vía es otra.

 

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