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Redes sociales

Por una postura coherente y popular

Por Nelson Carreras

En estos momentos, existe una diatriba en el alma de la oposición venezolana no solo sobre los medios a utilizar, sino en los propios fines buscados. Si bien se busca salir de la crisis actual, no existe un consenso sobre los ideales mismos por los cuales luchar y los objetivos propuestos para ello. He allí nuestra principal debilidad que debemos superar, y para ello este aporte.

Por una parte, un grupo de la oposición aboga por el diálogo. Este sector argumenta que el régimen puede ceder de buena fe ante las críticas planteadas por la oposición. Y no solo eso,  sino que legitima a las instituciones del Estado que critica de parcializadas al acudir a ellas en busca de justicia y rectificaciones. Es así que introducen documentos en los ministerios, se reúnen con dirigentes oficialistas y plantean la salida electoral con un CNE corrupto como la única solución posible a la crisis. Son ellos los que critican las barricadas en las calles, los enfrentamientos con la Guardia Nacional y el reclamo en las protestas exigiendo la renuncia de Nicolás Maduro y el rescate del Estado de Derecho en Venezuela. En cambio, promueven que se debata sobre los problemas económicos y se pida al «gobierno» que los atienda.

En contraposición, existe este otro sector que entiende que no se puede dialogar con un régimen que no respeta los derechos humanos, que encarcela y oprime a estudiantes por ejercer su derecho a la protesta pacífica y que censura a los medios de comunicación para que no transmitan programación alguna que lo comprometa. Estos ciudadanos valientes se atreven a desafiar el statu quo y protestar en las calles, aun cuando los que reconocen como sus líderes los mandan a no salir de noche, o no salir por tres días, o cualquier excusa que se les ocurra para apagar la llama que hoy arde en las calles de Venezuela.

El primer sector opta por desacreditar públicamente al segundo, provocando esa diatriba en el alma de la oposición a la cual me refiero. Se está confundido; se debate entre salir a protestar en las calles para exigir la renuncia de un régimen ilegítimo y opresor, o salir a marchar a entregar un documento y esperar que el «gobierno» haga su trabajo y rectifique en sus medidas.

Pero hay algo que no se debe perder de vista. El régimen ha dicho claramente que no va a ceder en su afán de instaurar un modelo socialista en Venezuela. Ello significa que no importan todas las conversaciones que se lleven a cabo, todo el diálogo que quieran tener y toda la saliva que quieran gastar, el régimen no abandonará su pretensión de profundizar el modelo castrocomunista en Venezuela hasta sus últimas consecuencias. El resultado todos lo conocemos: más opresión, escasez, inflación y pérdida de nuestra Libertad.

Entonces la respuesta se hace evidente: mientras el régimen se mantenga en el poder, no vamos a salir de la crisis. Es ilusorio pretender que los problemas económicos se van a resolver mientras esto no cambie. La renuncia del régimen y un gobierno de transición para recuperar la institucionalidad se muestra necesaria como el primer paso. Las demás alternativas son incoherentes y solo generan confusión y debacle moral.

El verdadero reto es hacer de este discurso, que de por sí es coherente, una alternativa que convoque a todos los sectores de la sociedad, incluidos los venezolanos chavistas que sufren las mismas carencias y la misma represión que los opositores.

Basta ya de separar los problemas económicos de la represión y el autoritarismo, cuando son todas características de este régimen socialista que deben ser combatidas en conjunto. Seamos coherentes en nuestras ideas y tengamos un objetivo claro. Solo así seremos capaces de encontrar los medios adecuados y mantener encendida la llama de la Libertad para rescatar a Venezuela.

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