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Redes sociales

Propiedad Social: respuesta inhumana


La pedantería y arrogancia de los políticos e intelectuales que se han propuesto dirigir la sociedad hacia la panacea soñada por los anhelos de perfección, han causado estragos en numerosos países. Esas utopías les proveen el armamento que buscan quienes no aceptan los pobres resultados de esas quimeras elefantiásicas que se proponían recuperar la supuesta humanidad perdida. Tales ilusiones terminaron demostrando lo vil y calamitoso que resulta ofrecer el estatismo como solución de los problemas económicos. El Socialismo del Siglo XXI -y el de todas las épocas, al final de cuentas es la misma patraña- ha evidenciado su rotundo fracaso.

Lo que hoy día padecemos en Venezuela es sólo el comienzo de las ominosas pruebas que certifican que la economía en manos del Estado únicamente causa estragos. Bastante conocidas son las alarmantes cifras que el desgobierno de turno ha querido obviar. La debacle económica es palpable. La ruina, inocultable. En medio de este contexto desolador, conviene releer la obra del economista venezolano Roberto Casanova,Bifurcación, para reflexionar sobre diferentes puntos, entre ellos, la visión neocomunista plasmada en el Estado Comunal. 

Los hilos conductores del discurso de quienes nos venden el estatismo económico se encuentran en la «Comuna» y la «Propiedad Social». La primera pregunta que podemos formularnos frente a esta entelequia es: ¿cuándo realmente somos propietarios de algo? La respuesta es muy simple: cuando podemos usarlo, disfrutar de ello y aprovechar su excedente, y disponer de ese bien para hacer lo que nos venga en gana: alquilarlo, regalarlo o colocarlo en venta, entre otra operaciones y usos. Esta aclaración nos permite establecer -entre otras cosas- en qué se basa el formidable desarrollo de la sociedad occidental: el derecho de propiedad.

Teniendo claro lo anterior, anotamos cinco enormes contradicciones y debilidades de la «propiedad» social o comunal, señaladas por Casanova: 1) Según los hechos podemos notar que dentro del funcionamiento de una comuna, los integrantes no pueden decidir qué hacer con los activos de las empresas que funcionan dentro de ella; ya el Gobierno, a través del Banco para las Comunas y el Ministerio para las Comunas, además de los otros organismos dependientes, supeditan los planes de las comunas a los designios del Gobierno. 2) Los incentivos para el crecimiento no existen debido a que los supuestos propietarios de una empresa socialista no encuentran motivos reales para incrementar la productividad, la creatividad, la competitividad y la innovación; la ganancia derivada del esfuerzo individual pasa a ser administrada por la élite del partido de gobierno, la cual no trabajó para producirla, y, además, les niegan a los productores el derecho a disfrutar del bien generado. 3) Los colectivos revolucionarios tampoco disfrutarán de la ganancia entrante, ya que ésta pasaría a un fondo estatal para ser redistribuida bajo los planes que el Gobierno fije. 4) En vista de que una proposición marxista consiste en superar las diferencias salariales (hasta hacerlas desaparecer) porque representan la expresión de la división capitalista del trabajo, es imposible que el ser humano se motive para lograr la excelencia. 5) Si la norma es acabar con el modo de producción capitalista, y así mismo con la acumulación de riquezas, ¿qué será de los bienes de un trabajador que incrementó sus ahorros y pretende aumentar sus propiedades y posesiones para mejorar su condición de vida y, posiblemente, dejárselas en herencia a sus hijos? ¿Estas serán expropiadas por representar el germen del capitalismo? ¿Quién estará motivado a innovar y esmerarse bajo esta perversa manera de destruir el espíritu emprendedor y el deseo de superación, cuando el Gobierno pretende «socializar» el esfuerzo propio entre quienes no participaron en la ardua tarea de crear riqueza?

El asalto de la propiedad por parte del Estado es feroz e inhumano. Por eso es que el intento de extender la «propiedad social» es muy cuestionable. Constituye un delirio colosalmente perjudicial para cualquier sociedad. La única manera de sostenerlo -con catastróficos resultados- es mediante la violencia y el mantenimiento de dogmas del hierro. La experiencia histórica indica que estos experimentos han causado millones de muertes en campos de trabajos forzados y entre quienes se atreven a disentir.

La propiedad privada no tiene apellidos ¡Propiedad es propiedad privada!

@GuerreroEugenio

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