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Redes sociales

Repensando el individualismo

Por @jean_uva de @VFutura 

“Ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.”

Friedrich Nietzsche

En un artículo pasado, un compañero de Venezuela Futura acertadamente apuntaba dónde se encuentra el problema matriz de nuestra situación en Venezuela: en lo cultural. Nuestra cultura parece haber sido constantemente bombardeada, desde las esferas socio-políticas, por un mensaje marxista, con el cual se ha destruido lo valioso que el siglo XX había traído a este país. Esta degeneración cultural ha afectado todos los ámbitos de nuestra vida nacional, pero, sin duda alguna, la destrucción ética que ha vivido la mayoría de los ciudadanos ha sido la peor. El ámbito ético ha sido el más afectado, porque desde las altas esferas nos han pretendido enseñar que -por ejemplo- hay justicia social cuando se les quita a unos para dar a otros; que el Estado puede proporcionar todo y los ciudadanos no tienen que preocuparse; y porque nos han dicho -con especial énfasis durante estos últimos 15 años- que actuar en beneficio propio es malo, que «es mejor dar que recibir» y que siempre tenemos que pensar en los demás antes que en nosotros. Este tipo de retórica moralista es propia de la tradición cristiana que nuestra Nación conserva, pero la llegada de la Izquierda (light o radical), al poder político, ha significado la profundización de estos valores en nuestro país. Venezuela, en conclusión, se ha ido convirtiendo en una Nación que rechaza al individuo, que ve con malos ojos al egoísmo y que es capaz de conculcar cualquier libertad o derecho individual para beneficiar al “colectivo”. Es necesario, pues, repensarnos el individualismo ante la monótona corriente ética y política que el colectivismo nos han alienado.

En Venezuela, el proceso masificador que han emprendido los gobiernos de las últimas 5 décadas ha tenido como fin último hacerse del control del país a través de las masas, pues es más fácil dominar un rebaño de ovejas que una Nación de hombres con plena consciencia cívica. Este tipo de control social que la Izquierda crea, a través de la dependencia que se genera entre el Estado y el individuo, tiene como fin último ir destruyendo progresivamente a los ciudadanos-individuos para que sean masa y pueblo. Bajo esa lógica, la clase política venezolana se ha hecho dueña de un discurso en el cual escasamente notamos mención a palabras como Libertad, persona o responsabilidad individual; ante el abuso de términos como justicia social, pueblo, igualdad o poder popular; esa ha sido la regla. Esta situación, que para nada se limita únicamente a lo discursivo, nos ha ido convirtiendo en una sociedad cada vez más colectivista y menos individualista. Los avances del socialismo y el populismo en Venezuela no solo han ido construyendo masas, sino que han estado condenando a quienes saben que son los individuos -no los pueblos- los que forjan naciones grandiosas y crean sociedades libres. No hay socialismo sin masas, y no hay masas sin pobreza, ignorancia y degradación cultural. Por esto mismo -y así lo dejó bien claro el actual Ministro de Educación[1]– a los regímenes comunistas no les conviene el emprendimiento, el desarrollo económico, la educación de calidad o la creación individual; pues mientras más pobre es “el pueblo”, más depende del Estado y más puede ser coartado.

Es importante romper, pues, con esa concepción jacobina que se les ha venido imponiendo a los venezolanos desde hace mucho; esa que reza lo siguiente: en nombre de los muchos, es posible transgredir a los pocos. Jamás podemos caer nosotros en tal ignominia, pues una sociedad verdaderamente libre jamás traicionaría los derechos de un individuo en defensa de los del supuesto colectivo. No podemos caer en la dictadura de las mayorías ni en los abusos de las masas, pues ese es el artificio mediante el cual el marxismo ha expropiado, asesinado, encarcelado y destruido este país por muchos años. (Como diría el finado: «todo por el pueblo») La concepción individualista, por otro lado, ve al individuo, a la persona humana, como finalidad última y valor predominante en cualquier comunidad. Es verdaderamente individualista quien no está dispuesto a ir en contra de sí mismo, de sus ideas, de sus maneras… y quien se yergue orgullosamente en sí mismo, pues él, por sí solo, puede hacerlo. Es por eso que puede gestarse una Nación verdaderamente libre, solo si es a través de una ciudadanía individualista que sea, además, responsable de sus propios actos, ambiciosa, trabajadora, innovadora, orgullosa y egoísta[2]. Esa es la sociedad que tenemos que crear.

Solo entendiendo que el individuo es un ente indivisible, único, irrepetible y con potencialidades infinitas, podremos deducir que entes imaginarios como la Sociedad, el Estado, la Humanidad o el Colectivo no existen per se, sino que son fenómenos compuestos por un conjunto de seres y de hechos particulares. Por lo tanto, quienes demagógicamente venden políticas través del uso de términos “mayoristas”, están haciendo uso de una lógica inexistente, inocua, efímera y venenosamente perversa para secuestrar el apoyo popular y, al final -como se ha demostrado en las experiencias totalitarias-, hacerse del poder a costa del empobrecimiento y pérdida total de libertades de los ciudadanos. Tenemos que entender que tales clases de fenómenos no existen por sí mismos, sino por la interacción de los factores individuales que los componen; y son tan temporales como los que los sustentan. Son los individuos la sustancia de las sociedades, ¡y no viceversa! Pues un individuo maduro puede existir por sí solo, pero las sociedades -incluso las más duraderas- están irreductiblemente formadas por individuos, sin los cuales desaparecen inmediatamente. Como diría Popper: «solo el individuo piensa; solo el individuo razona»[3].

Por ende la concepción del individualismo tiene que ser repensada en Venezuela. Un país que se ha ido desplomando en caída libre, a consecuencia del uso de doctrinas marxistas y colectivistas, tiene que entender que eso de anteponer la voluntad general a la individual -como planteaba Rousseau- trae todo menos desarrollo, y más bien conlleva rápidamente a la pérdida sistemática de libertades. Es por ello que se hace necesario transvalorar los valores que nos han estado inculcando, y refundar la República con unos ideales contrapuestamente nuevos: la Venezuela Futura ha de ser una Nación de hombres libres, orgullosos, responsables, creadores y prósperos, y no un triste basurero en donde lo colectivo antecede siempre a lo individual. La guerra contra el colectivismo es tal vez el conflicto cultural más importante que tenemos que desatar, para poder incidir verdaderamente en el ethos del venezolano.

Si queremos tener una Venezuela libre, independiente, próspera, justa y grandiosa, – una que guíe el camino y no que simplemente lo siga- tenemos que entender que necesitamos de individuos, no de masas. Tenemos que condenar cada vez que un político promocione la palabra “pueblo”, pues este llamado colectivista ha sido el grito despótico de quienes nos han llevado a este despeñadero. No son las masas o los colectivos los que hacen grandes descubrimientos científicos, o exponen las más bellas obras de arte, o dirigen las compañías más exitosas… Son los individuos -con nombre y apellido- los que crean, fundan y logran cosas, y en Venezuela necesitamos promover ese sentimiento de orgullo propio que nos vuelva a hacer una Nación prometeica y noble. Necesitamos individuos egoístas e individualistas; hombres que estén comprometidos con sus metas, y que estén dispuestos a alcanzarlas, y que siempre busquen la excelencia como norte.

[1] http://www.el-nacional.com/politica/Hector-Rodriguez_0_362363877.html

[2] Entendido como self-love -o “amor a sí mismo”- el propio de quienes no están dispuestos a ir en contra de sí, o atentar contra sí mismos.

[3] Abbagnano, Nicola. Diccionario de filosofía (México,1996) Pag. 223

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