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Si vis pacem para bellum

Por @RainieroHerrada de @VFutura

«Debéis amar la paz como medio para nuevas guerras. Y la paz corta más que la larga»,

Friedrich Nietzsche.

La paz en una sociedad está representada por la ausencia de guerra o conflicto, es un arreglo a un orden de las cosas establecido. Pero la paz no es más que un estadio, la historia así lo ha demostrado.

No es extraño escuchar hoy en Venezuela discursos soporíferos donde se predica la paz. Aún sin un conocimiento claro de qué significa exactamente, estos predicadores de la miseria se mantienen impávidos al pronunciar sus garantías de paz. Le hacen creer erróneamente a los ciudadanos que la paz es preferible a la guerra, que mantenerse inerte ante la decadencia del país y dejar pasar las cosas en una especie de letargo interminable es la única manera de actuar para mantenerse en paz. Lo que no suelen adivinar algunos es que no es el mantenimiento de la paz lo que desean el régimen y sus lacayos de la MUD, sino la conservación del status quo.

El procónsul de Cuba invitó recientemente a su pueblo a participar en la Movilización Nacional por la Paz y la Vida, haciéndole creer a algunos ciudadanos -no a todos- que son parte de la creación de una nueva cultura de paz a través de la recolección de propuestas para fortalecer una seguridad ciudadana que no existe siquiera en Venezuela. La paz no se consigue a través de bailoterapias y juegos de baloncesto, y un Plan de Pacificación Nacional en definitiva no es la solución perfecta e inmejorable a la violencia, la cual no ha sido -durante el período comunista- más que un instrumento cubano para multiplicar el potencial de inseguridad en Venezuela.

¿Acaso no hemos tenido suficiente paz? Durante más de quince años el proceso de pacificación de la población venezolana ha avanzado con una rapidez alarmante, la paz -o más bien una falsa paz- se ha introducido sigilosamente en el entendimiento del venezolano, hasta el punto de preferir la paz a la guerra, la calma a la acción, el deterioro al apogeo, la decadencia al esplendor, la esclavitud a la Libertad.

No hay que temer a renunciar esa falsa paz en defensa de la nación, pues una vez llegado el conflicto, la verdadera paz estará próxima. Los pajes de Cuba solo intentan evitar lo inevitable, eludir lo ineludible. Solo puede vivirse en paz cuando en el orden de las cosas establecido no existe una amenaza de conflicto, y hoy estas amenazas están más prontas de lo que parece.

La verdadera paz está atada a la Libertad, solo podrá obtenerse la primera en cuanto se alcance la segunda y para ello no hay mejor medio que la lucha constante, pues la Libertad no es un derecho que ha de conceder el Estado, es más bien un ejercicio de cada uno de los individuos que son parte de él. ¿Por qué no luchar por la Libertad como guerreros si es más lo que podemos ganar que lo que podemos perder? ¿Por qué temer a la conquista de lo que nos corresponde? ¿Por qué rehuir de aquello que intensifica nuestra vitalidad con su proximidad? ¡La Libertad no ha muerto! Es prisionera y debe ser rescatada por cada uno de los que deseamos vivir en Libertad. Son muchos los predicadores de la miseria, de la falsa paz y la falsa libertad; es contra ellos que debe emprenderse esta lucha para que obtengamos -de una vez por todas- la Libertad por la cual tanto hemos esperado.

 ¡Libertas capitur!

 

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