Saltear al contenido principal
Redes sociales

«Ucronías» el primer libro publicado de @mrgeorgegalo

El último fin de semana de Noviembre se conmemoraba el día del escritor junto al natalicio de Don Andrés Bello y George Galo, con apenas 20 años, celebraba la publicación de su primer libro Ucronías.

El libro ya puede ser adquirido en la Librería Kalathos, Librería Suma, Librería Noctua, Librería El Buscón, Librería Lugar Común, Librería Sopa de Letras y las Librerías Alejandría del Paseo Las Mercedes y Chacaíto de Caracas.

El libro cuenta con la primera publicación de George Galo en Foro Libertad, El Numen liberto. Para todo el equipo de FL es un inmenso orgullo compartir con nuestro público el histórico discurso del autor que diera en el bautizo de su obra.


“Apreciadísimos invitados, muy buenos días…

Una mujer que para mi placer y honor está hoy acá sentada, un día me obsequió un poemario que decía en dedicatoria: «ya ves, mi querido Jorge, dónde vine a encontrar las respuestas de la vida… No en los grandes sistemas filosóficos, no en los largos tratados; sino acá en la poesía». El poemario era de Montejo; la dedicatoria era de una filósofa—con “f” minúscula, como ella suele decirse. Esto no fue, como nada, casual. Mi concepción de la literatura es la causa escondida de ese obsequio. Yo he cometido con este libro pecados imperdonables: he simplificado la filosofía y complejizado la poesía. En el afán de buscar la compacta unicidad, el círculo dorado, he creado una quimera monstruosa. Aunque sospecho que es un parto de la Literatura misma —porque eso es ella: es la unión de lo intuitivo y lo profundamente racional— lo que acá sucede es una argucia de no saber escindirme en dos entes, en cuerpo y alma: acá pienso y siento al mismo compás, acá reafirmo lo que Unamuno (como otros muchos) ha dicho: el poeta tiene que ser lo mismo que un filósofo y viceversa.

Fuera de lo que sean quizás aquellas tenaces y soberbias pretensiones mías es que acá he escrito lo que me hubiese gustado leer: lo que más he disfrutado, lo que más placer me ha entregado en la lectura, ha sido la filosofía y he hallado una alegría cuando escritores de los que me considero seguidor profundo lo han realizado: Borges, Yourcenar, Schwob… Ya he admitido la exigencia de estos textos, pero a sabiendas de que nunca he subestimado a nadie y no pretendo hacerlo. Estos escritores no lo han hecho conmigo cuando sus libros me han encontrado en sus largos caminos. Yo no podía pretender otra cosa. Creo que, en últimas, ahí reside el logro y el fracaso de lo que he escrito. La forma a veces oscura, los artilugios del idioma que he dispuesto, los pasajes truculentos y una sarta de rarezas, constituyen lo que estoy seguro en un futuro comprenderá un arrepentimiento para mí. Al sol de esta mañana no lo siento y, venciendo dificultades, en ello se erige la caracterización de mi actual voz y de esta obra. Esto, pues, es todo lo que quiero decir con respecto al libro, aunque él sea el protagonista el día de hoy… Le dejaré a la obra el laborioso trabajo de justificarse a sí misma; yo ya poco tendré que ver con ello.

la foto 2

Foto de Víctor Bonilla

Por lo que resta, sólo puedo decir que no he escrito únicamente por la responsabilidad que siento ante el arte, ante la Belleza, ante la Literatura como una forma superior en que me comunico con lo “Otro”, sino porque cuando uno nace con esta pata rota—o con esa pata de más—que es el tender al arte, se hace difícil, en la aparente paradoja, vivir sin poder hacerlo y se hace también difícil el vivir porque hay que hacerlo. Levantarse cada día y no poder deshacerse de esto sino, en apariencia, haciéndolo. Es una mera ilusión. Pero realmente, señores, de no haberlo hecho hubiese quizás muerto; en vida, que es peor que morirse en muerte. He escrito con el único genuino fin de sentir menos la existencia… De soportar tantas cosas que nos atormentan como humanos y más aún como artistas… Lo he hecho para que la idealización me salvase tanto como pudiese. Esto no es para que se piense que sufriendo se logra crear o cualquiera de esas doctrinas del tormento que ya otros han ejercido con mayor éxito, sino porque me ha sido tan categórico para la vida el dormir como el escribir. Me he sentido siempre muy bien escribiendo y durmiendo, es la verdad. Pero como no soy de dormir con todos o con cualquiera, sí he querido dejarles el regalo de la lectura. Yo no ejerceré por un buen rato el proceso creativo de leer este libro. Por lo pronto me dedicaré a escribir y a crear leyendo aquellos libros que me siguen ensañando y haciendo feliz, cosas que difícilmente encuentro en mis propios textos.

Mis gracias son infinitas… Gracias infinitas no a todos ustedes, sino a cada uno de ustedes quienes estuvieron ahí no tan sólo para compartir la literatura —que a veces creo que puede ser lo de menos en la literatura misma—sino para compartirme su vida, sus risas, sus preocupaciones y sus muy humanas existencias. A los que me soportaron porque sólo soportándonos mutuamente podíamos seguir con la vida: no los voy a nombrara uno por uno, ustedes conocen quiénes son (les doy la libertad de sentirse aludidos o, por qué no, eludidos también); aunque sospecho que de estar escuchando estas palabras que acá leo no deben estar fuera de esta lista de gratitud —por algo han venido—, y de un amor recíproco porque esto no es más que una gran muestra de amor que debo admitir que me abruma un poco. Este libro, y esto es bastante como un uróboros, es mi agradecimiento, mi alegría, y mi regalo, un regalo que me he hecho a mí mismo y que hoy le hago a ustedes porque son mi familia y mis amigos, que bien saben que hablo indistintamente de ambos porque son para mí lo mismo.A la Editorial Eclepsidra, cazadores de talentos, mi admiración, mi respeto y sobre todo mi agradecimiento porque no todos con veinte años logramos acceder a instituciones con la experiencia y el bagaje que tiene esta editorial. Editorial que además ha emprendido el reto atlántico —ojalá no devenga en el de Sísifo— de sostener la producción literaria en estos momentos oscurísimos y difíciles. Hoy, sobre todo hoy (aunque siempre es sobre todo el hoy en estos casos), donde este mundo está sumido en problemas impensables para la época y más aún este país, que nos lo dejamos quitar de las manos así sin más, se necesita de la pasividad del arte y el pensamiento. Y digo pasividad porque los pensamientos, el arte, todos estos libros que tenemos acá al rededor, no han cambiado al mundo. No por sí solos. Pero quizás la belleza logre reconfortar a los individuos necesarios para que inicien la reforma que ameritamos, siempre partiendo de nosotros primeropues el mundo sólo está hecho de individuos. Fíjense, en esta sala me faltan muchos amigos, familiares, personas infinitamente importantes para mí… Incluso falta un aire que antes existía, una luz distinta que hoy se ha menguado… Todo esto fue porque como ciudadanos nos dejamos vencer —dicho sea de paso, no un grupo o el otro, sino la ciudadanía, eso fue lo que perdimos—; es necesario aceptar la derrota para superarla. Tanto fue mi dolor que no me parecía posible seguir viviendo acá. Me fui, me fui buscando cosas que se me habían perdido. En el arte las consigo todos los días y espero que ustedes así también lo puedan hacer. Esta creación mía espera contribuir a este remanso donde la gente encuentre motivos por los que volver a vivir y de la mejor forma posible: lo que le exigimos con tanta maña al arte debemos exigírselo a la realidad con la misma fuerza, así nos rodeen gobernantes burdos e incapaces, como también ciudadanos igual de burdos e igual de incapaces. La cultura podrá vencer la estupidez que, siéndoles sincero, siempre ha sido un sinónimo de maldad para mí. Así lo testifica el que hoy, no obstante la situación del país, todavía tenga muchos amigos y muchos artistas que nos acompañan en esta mañana, quienes libran, como yo, la referida y única batalla social que puede (y debe) tener el arte que se realiza donde quiera que estemos sin importar circunstancias. Las gracias para ustedes no sólo son mías sino del país, de estos ciudadanos y de la humanidad que lo ha necesitado tanto como alguna vez nosotros.

Estas Ucronías tienen cientos de versiones más porque todos ustedes las crearán al leerlas. Cada ucronía tiene el prodigio de ser la contraportada de otro hecho. Cada uno de ustedes le podrá hacer una ucronía a mis ucronías y así hasta el hartazgo. Mi invitación no es más que a la imaginación, a la creatividad, y, por supuesto, a la Belleza. Este es el caudal que he cavado en la fecunda tierra literariadonde he intentado crear un mar con su ritmo; he socavado la calma mar y le he hecho con hendiduras intencionadas, olas de corriente: un torrente que los llevará a esta república mía, la que he hecho, y hoy abro sus puertas, como las páginas de un libro (que se parece a que el universo haga un hoyo de paso en su inmensidad), y les proclamo la bienvenida.

Hay un relato en el libro titulado La República Suya que es, bien de otro modo, una elegía, un llanto melancólico de lo que hemos perdido porque nunca lo hemos tenido aunque lo sentimos muy nuestro. Creo que ustedes ya podrán saber cuál es la república de cada uno de ustedes, cómo y dónde erigirla, y, ya finalmente, llegar al dudoso placer de leer los aquí restantes (o sobrantes) relatos que he compuesto para el arte, por el arte, para ustedes y por ustedes.

Gracias por haber estado siempre por ahí, por estar hoy aquí y por haberme permitido la osadía de dirigirles estas torpes palabras.

Muchas gracias”

Librería Kalathos, Los Galpones.

Caracas, 28 de noviembre de 2015.

Nota: La foto de la portada es de Nelson Dudier

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba